Nací arqueólogo sin saberlo. Una cueva remota y oscura confirmó mi vocación: lo mío sería desenterrar significados. Veo cosas y escribo y escarbo. Leo para darme cuenta lo poco que sé de todo. Fundador de Mindcode, ayudo a innovar y entender la conducta del consumidor. Hago preguntas para encontrar respuestas y después tengo más preguntas. Lo mío es caminar en la cueva, encontrar la luz y volver adentro. Al final espero un epitafio corto: Signifiqué.
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domingo, 2 de agosto de 2015
El efecto Rashomon
Si viviera Akira Kurosawa vería en México un reflejo de su icónica película Rashomon. Lugar de culto para cinéfilos alrededor del mundo, la historia narra un hecho que es contado por diferentes personas, dando como resultado versiones disímbolas y contradictorias. La diversidad de puntos de vista sobre un mismo incidente es sin duda parte de la condición humana, después de todo, interpretamos en función de nuestro código cultural e incluso de acuerdo a nuestros intereses y motivaciones. En un país como el nuestro, la naturaleza de la verdad es tan frágil como ser entrenador de la selección mexicana de fútbol.
domingo, 26 de julio de 2015
Importar genética
En 1941 el ingeniero suizo Georges de Mestral salió a pasear con su perro al bosque. El pelo de la mascota se llenó de cardos, esos pequeños cuerpos forrados de filamentos espinosos que se adhieren a uno con la facilidad de una tentación malsana. Al quitarle cada cardo al animal, el suizo tuvo la curiosidad de entender qué hacía que esos pequeños se engancharan tan eficazmente; bajo el microscopio detectó que las prolongaciones terminaban en gancho. A partir de ahí inició un viaje que duró varios años para inventar algo que funcionara con el mismo principio. El resultado es lo que hoy conocemos como "velcro" (de velour, terciopelo y crochet, gancho).
La innovación es un concepto que muchos anhelan, pero pocos consiguen, acaso porque implica el pensamiento disruptivo que pone la mirada en un territorio distinto al campo de quien pretende innovar. El diseñador Bill Stumpf innovó para Herman Miller al crear la silla ejecutiva Aeron, un producto que rompió los convencionalismos de la época. La silla fue rechazada en todos los grupos de enfoque; los consumidores, teniendo en mente una silla ejecutiva forrada de piel o tela, no concebían que pudiera llamarse "terminada" a una silla que mostraba su mecanismo de la misma forma que un cuerpo revela su esqueleto. Stumpf se inspiró, es decir, importó genética, de muebles y sombreros de bejuco, materiales "respirables", para hacer el asiento y el respaldo de una silla que hoy, además de haber ganado premios y romper marcas de ventas, es un símbolo de estatus.
Innovar difícilmente se logra mirando lo que hacen otros en la misma actividad. El extinto genio musical mexicano, creador del sonido estereofónico, Juan García Esquivel dijo: "mi manera de acercarme a las canciones es como si fuera un pintor. Yo puedo ver el lienzo y la música es color". Su obra maestra, See it in sound, salió a la venta en 1999 luego de 39 años de haber sido archivada; en su momento fue catalogada de "mamarracho musical" y peor: "sonidos nauseabundos de latones, diversos instrumentos que son, en la mayor parte de las cosas, intolerables. No tengo dudas de que en un par de años sus cintas yacerán pudriéndose en áticos y garajes". Esquivel creó también la música de Los Picapiedra y La familia Monster. El estribillo de la serie Sex and the City está inspirado en su Mini Skirt.
Tomé una fotografía en una de las estaciones del Metro de la Ciudad de México. Muestra un local comercial de productos "remediales", cuasi milagrosos, que evocan el tipo de soluciones que el mexicano promedio busca para sus problemas (además disfruto el talento, sentido común y creatividad para nombrar ciertas fórmulas, en una palabra cuentan todo: Glucofín, Prostasán, Retardín). Este puesto visualmente caótico y abigarrado encierra una estructura que lo hace funcional y atractivo. La saturación, ese caos ordenado, connota precio bajo, las formas repetitivas facilitan el anclaje de la mirada, se vuelven fondo y figura, la marchanta detrás del mostrador presagia atención inmediata y personal. A miles de kilómetros de ahí, la recepción del innovador hotel QT, en Manhattan, tiene la misma genética, semeja un puesto de la calle.
A uno de los centros comerciales más exitosos y bonitos de México, en Zapopan, le recomendé importar genética de las calles europeas para definir cómo tenía que ser la experiencia vivencial de los visitantes. Hoy, las sillas de los restaurantes para ver pasar peatones y autos constituyen una de sus partes vibrantes e icónicas; esculturas e hitos para tomarse la foto, áreas de estética cautivadora, fuentes atrayentes, música en vivo y demás seducción sensorial son parte de su encanto.
Para crear Cirque du Soleil, Guy Laliberté importó genética de la ópera, del teatro, la danza y de Broadway en general. El mundo es un inventario de innovaciones, el reto es aprender a verlas. De aquí la importancia de mirar sitios aparentemente descabellados, entender su estructura y replicar. Primero rechazada, la innovación es la obviedad que el tiempo afirma.
La innovación es un concepto que muchos anhelan, pero pocos consiguen, acaso porque implica el pensamiento disruptivo que pone la mirada en un territorio distinto al campo de quien pretende innovar. El diseñador Bill Stumpf innovó para Herman Miller al crear la silla ejecutiva Aeron, un producto que rompió los convencionalismos de la época. La silla fue rechazada en todos los grupos de enfoque; los consumidores, teniendo en mente una silla ejecutiva forrada de piel o tela, no concebían que pudiera llamarse "terminada" a una silla que mostraba su mecanismo de la misma forma que un cuerpo revela su esqueleto. Stumpf se inspiró, es decir, importó genética, de muebles y sombreros de bejuco, materiales "respirables", para hacer el asiento y el respaldo de una silla que hoy, además de haber ganado premios y romper marcas de ventas, es un símbolo de estatus.
Innovar difícilmente se logra mirando lo que hacen otros en la misma actividad. El extinto genio musical mexicano, creador del sonido estereofónico, Juan García Esquivel dijo: "mi manera de acercarme a las canciones es como si fuera un pintor. Yo puedo ver el lienzo y la música es color". Su obra maestra, See it in sound, salió a la venta en 1999 luego de 39 años de haber sido archivada; en su momento fue catalogada de "mamarracho musical" y peor: "sonidos nauseabundos de latones, diversos instrumentos que son, en la mayor parte de las cosas, intolerables. No tengo dudas de que en un par de años sus cintas yacerán pudriéndose en áticos y garajes". Esquivel creó también la música de Los Picapiedra y La familia Monster. El estribillo de la serie Sex and the City está inspirado en su Mini Skirt.
Tomé una fotografía en una de las estaciones del Metro de la Ciudad de México. Muestra un local comercial de productos "remediales", cuasi milagrosos, que evocan el tipo de soluciones que el mexicano promedio busca para sus problemas (además disfruto el talento, sentido común y creatividad para nombrar ciertas fórmulas, en una palabra cuentan todo: Glucofín, Prostasán, Retardín). Este puesto visualmente caótico y abigarrado encierra una estructura que lo hace funcional y atractivo. La saturación, ese caos ordenado, connota precio bajo, las formas repetitivas facilitan el anclaje de la mirada, se vuelven fondo y figura, la marchanta detrás del mostrador presagia atención inmediata y personal. A miles de kilómetros de ahí, la recepción del innovador hotel QT, en Manhattan, tiene la misma genética, semeja un puesto de la calle.
A uno de los centros comerciales más exitosos y bonitos de México, en Zapopan, le recomendé importar genética de las calles europeas para definir cómo tenía que ser la experiencia vivencial de los visitantes. Hoy, las sillas de los restaurantes para ver pasar peatones y autos constituyen una de sus partes vibrantes e icónicas; esculturas e hitos para tomarse la foto, áreas de estética cautivadora, fuentes atrayentes, música en vivo y demás seducción sensorial son parte de su encanto.
Para crear Cirque du Soleil, Guy Laliberté importó genética de la ópera, del teatro, la danza y de Broadway en general. El mundo es un inventario de innovaciones, el reto es aprender a verlas. De aquí la importancia de mirar sitios aparentemente descabellados, entender su estructura y replicar. Primero rechazada, la innovación es la obviedad que el tiempo afirma.
lunes, 20 de julio de 2015
Esencia bribona
Nada fácil tiene el panorama el presidente Peña, al cúmulo de descalabros sexenales se le suma esta semana el desdén del mercado para participar en inversiones petroleras y la multicitada fuga de Joaquín Guzmán Loera, que puso al país en el reflector mundial del narcotráfico y la vergüenza. Con ánimo de apoyar la figura presidencial (apoyar a México), le diría al Presidente que puede ser que sus reformas energética y educativa fracasen, le queda medio sexenio para otro logro: iniciar la transformación cultural del mexicano, una reforma social que modifique la forma negativa de ser mexicano, para pasar de una cultura de ilegalidad y desprecio por la ley a una de honestidad y legalidad. De conseguir el inicio de esta gesta, presidente Peña, su nombre pasará a la historia del lado de quienes han construido patria y servido a la nación (atributos que hoy la gente no le reconoce).
Mi recomendación será muy simple y a la vez retadora: presidente Peña, lea el libro Las hazañas bribonas: cultura de la ilegalidad, del doctor José Guillermo Zúñiga Zárate, y forme un equipo de trabajo que implante sus recomendaciones. Por supuesto, esperamos lo que no ha mostrado, su autocrítica, el buen juez por la casa empieza.
El doctor Zúñiga ha hecho una investigación científica sobre la cultura de ilegalidad en México y no puedo estar más de acuerdo con él cuando dice que el mexicano tiene una esencia bribona (ese lado astuto y sagaz para transgredir la ley, ser transa), que es parte de lo que yo llamo código cultural, una especie de instructivo intangible que nos hace actuar de cierta forma, a veces para el bien, otras para el mal, y que es implantado en los niños desde que empiezan a tener memoria, forjando un patrón de conducta proclive a la ilegalidad, que se hace de muchas leves transgresiones, pequeños actos permisibles que luego escalan a delitos mayores, y se autojustifican en cualquier nivel socioeconómico y cultural.
He visto, en una escuela primaria de alto poder adquisitivo, muchos autos en cuya placa trasera se ha sobrepuesto una mica que impide que el radar contra el exceso de velocidad les tome una fotografía y les multen. Hablo de padres de familia con educación, indignados por la corrupción en México, por la fuga de El Chapo, por el actuar del Presidente y su gobierno, que son, por otro lado, una manifestación de la enfermedad degenerativa y crónica del país: todos formamos parte de un sistema corrupto.
El doctor Zúñiga ha determinado un patrón de lo que llama "hazaña bribona" o acto de deshonestidad: la oportunidad (alguien me vende la mica antiinfracción), el sigilo (mi placa quedará oculta), la oposición (no quiero cumplir la ley ni pagar la multa) y la emoción (la satisfacción que me da brincarme la ley).
Su libro debería ser lectura obligada en familias, escuelas, iglesias, corporaciones y cualquier tipo de instituciones. Su mérito es que no sólo diagnostica bien, también da recomendaciones: evidenciar, hacer conciencia (al estilo AA) del patrón de deshonestidad (si se habla de ello desde la casa, oficina, calle, será más difícil hacer lo contrario, disminuiría la doble moral), abrirse a prácticas internacionales, usar manuales de procedimientos, lograr certificaciones, cumplir reglas y leyes sin excepciones (cero tolerancia), usar tecnología (GPS, cámaras de vigilancia, etcétera), implantar una cultura de legalidad desde casa (no es suficiente que haya leyes y reglamentos), cambiar la programación neurolingüística cultural, incluir a las mujeres (especialmente las madres, aquí coincide con Sara Sefchovich) para detener a los delincuentes de casa, entre otras.
La esencia bribona impide mover a México, es el componente activo de la corrupción y la falta de valores del mexicano, desde sacar provecho de un puesto y recibir beneficios ilícitos de proveedores sin importar el conflicto de interés, hasta escapar de una multa por exceso de velocidad o escapar de una prisión de alta seguridad. La esencia bribona es el túnel por donde se escapa el futuro de México.
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domingo, 12 de julio de 2015
México feudal
El subsuelo de la Ciudad de México esconde pasajes de nuestra historia y en cierta forma explica cómo somos; de haber una arqueología del comportamiento social, el hundimiento que sufren varias zonas de la capital del país se podría medir en centímetros, pero también en metáforas. Desde niño me intrigaba que la banqueta estuviera por arriba del nivel de una ferretería con nombre japonés en la calle Sonora. El escalón que había que bajar para entrar al establecimiento nunca lo asocié con el peso del edificio y la sabiduría de Isaac Newton.
Algunas construcciones de la colonia Roma me recuerdan las viviendas que Tolkien imaginó para los hobbits y los enanos. Ahora veo con fascinación cómo las puertas van reduciendo su altura desde el nivel exterior de la calle. Las ventanas y balcones, indefensos ante una caída anunciada, se acercan a la acera con movimientos sólo perceptibles para el paso de los años. El Centro Histórico, también centro afectivo y neurálgico para la ciudad y para el país, es reclamado por un lago con memoria. En aquellos lugares donde hay ruinas prehispánicas, el hundimiento provoca que éstas emerjan y amenacen la estructura de las construcciones actuales, algunas coloniales, otras modernas.
Que las ruinas reclamen su lugar me parece de una justicia poética indescriptible. Que el pasado quiera abrirse paso en el presente tiene otras lecturas. Si bien el feudalismo tuvo su auge en Europa occidental, a través de la conquista española nos llegaron sus vertientes en forma de virreinato y haciendas. La estructura feudal emerge en México de la misma forma que las ruinas se niegan a un silencioso entierro. Este andamiaje constituye un contrato social con conveniencias para sus participantes, individuos que participan en una relación de obligaciones recíprocas donde hay tres claros elementos: el vasallo, quien recibe una concesión o feudo, por parte de un señor que ostenta el poder.
Vasallo, feudo y señor feudal están en el México contemporáneo. Los taxistas (vasallos) reclaman al gobierno (señor feudal) la defensa de su territorio y su trabajo (feudo). Al sentirse dueños por algo que han pagado -muy probablemente producto de turbios arreglos cupulares, parte del mecanismo de cohesión, primero del PRI y luego de muchos más partidos políticos- exigen la regulación de Uber y servicios afines (lo cual me parece correcto), y en el colmo del descaro, piden también que una tercera parte de un fondo de movilidad que se haría con pagos de los concesionarios Uber, sea para ellos. Una esencia del sistema feudal es la renta (mano de obra, territorio, concesiones, etcétera), ¿extraña que los vasallos quieran ser señores feudales?
El sistema empuja para que el vasallo tenga la motivación de ser algún día señor feudal, cobrar renta (base de la obediencia político-institucional). Ahí están los franeleros y los viene-viene, rentando espacios públicos que a su vez alguien les renta. El cobro de piso de la delincuencia, el pago de prebendas y sobornos a las autoridades, tienen la misma estructura. La explotación del territorio, la renta del puesto, permite tener poder, exclusividad, protección, abusos, complicidad e impunidad. El caso de Gutiérrez de la Torre (señor feudal) acusado de explotar (feudo) una red de prostitución (vasallas) al interior del PRI capitalino, para seguramente otorgar beneficios a algunos actores políticos (vasallos), es otro triste ejemplo del México feudal.
La trilogía feudal promueve incentivos intrínsecos, romper su inercia implica buscar beneficios extrínsecos. Los beneficios de Uber son para los usuarios, por eso afectan al feudo. Alabo mecanismos de inversión en infraestructura pública como los que promueve ProCDMX que sin privatizar ni usar dinero del gobierno, crea condiciones de certeza jurídica para la inversión privada en beneficio de la ciudad y sus habitantes.
Los mexicanos necesitamos detectar a los agentes que promueven, desde cualquier trinchera, la ruptura del México feudal. Necesitamos apoyarlos y, en un futuro, votar por ellos.
Algunas construcciones de la colonia Roma me recuerdan las viviendas que Tolkien imaginó para los hobbits y los enanos. Ahora veo con fascinación cómo las puertas van reduciendo su altura desde el nivel exterior de la calle. Las ventanas y balcones, indefensos ante una caída anunciada, se acercan a la acera con movimientos sólo perceptibles para el paso de los años. El Centro Histórico, también centro afectivo y neurálgico para la ciudad y para el país, es reclamado por un lago con memoria. En aquellos lugares donde hay ruinas prehispánicas, el hundimiento provoca que éstas emerjan y amenacen la estructura de las construcciones actuales, algunas coloniales, otras modernas.
Que las ruinas reclamen su lugar me parece de una justicia poética indescriptible. Que el pasado quiera abrirse paso en el presente tiene otras lecturas. Si bien el feudalismo tuvo su auge en Europa occidental, a través de la conquista española nos llegaron sus vertientes en forma de virreinato y haciendas. La estructura feudal emerge en México de la misma forma que las ruinas se niegan a un silencioso entierro. Este andamiaje constituye un contrato social con conveniencias para sus participantes, individuos que participan en una relación de obligaciones recíprocas donde hay tres claros elementos: el vasallo, quien recibe una concesión o feudo, por parte de un señor que ostenta el poder.
Vasallo, feudo y señor feudal están en el México contemporáneo. Los taxistas (vasallos) reclaman al gobierno (señor feudal) la defensa de su territorio y su trabajo (feudo). Al sentirse dueños por algo que han pagado -muy probablemente producto de turbios arreglos cupulares, parte del mecanismo de cohesión, primero del PRI y luego de muchos más partidos políticos- exigen la regulación de Uber y servicios afines (lo cual me parece correcto), y en el colmo del descaro, piden también que una tercera parte de un fondo de movilidad que se haría con pagos de los concesionarios Uber, sea para ellos. Una esencia del sistema feudal es la renta (mano de obra, territorio, concesiones, etcétera), ¿extraña que los vasallos quieran ser señores feudales?
El sistema empuja para que el vasallo tenga la motivación de ser algún día señor feudal, cobrar renta (base de la obediencia político-institucional). Ahí están los franeleros y los viene-viene, rentando espacios públicos que a su vez alguien les renta. El cobro de piso de la delincuencia, el pago de prebendas y sobornos a las autoridades, tienen la misma estructura. La explotación del territorio, la renta del puesto, permite tener poder, exclusividad, protección, abusos, complicidad e impunidad. El caso de Gutiérrez de la Torre (señor feudal) acusado de explotar (feudo) una red de prostitución (vasallas) al interior del PRI capitalino, para seguramente otorgar beneficios a algunos actores políticos (vasallos), es otro triste ejemplo del México feudal.
La trilogía feudal promueve incentivos intrínsecos, romper su inercia implica buscar beneficios extrínsecos. Los beneficios de Uber son para los usuarios, por eso afectan al feudo. Alabo mecanismos de inversión en infraestructura pública como los que promueve ProCDMX que sin privatizar ni usar dinero del gobierno, crea condiciones de certeza jurídica para la inversión privada en beneficio de la ciudad y sus habitantes.
Los mexicanos necesitamos detectar a los agentes que promueven, desde cualquier trinchera, la ruptura del México feudal. Necesitamos apoyarlos y, en un futuro, votar por ellos.
domingo, 5 de julio de 2015
Dichter, el esotérico
Desenterrar prácticas del pasado es futurista. Muchas innovaciones tecnológicas y costumbres sociales que nos han cautivado tienen su origen en otros tiempos. Con asombro, mi hijo mayor me cuenta la idea que tuvieron unos jóvenes al poner una barbería, donde el cuidado de la barba es protagónico y el corte de pelo es sólo para caballeros. Claro, él nació en la era "unisex", luego de que la modernidad hiciera un transgénico entre peluquería y salón de belleza. El pasado vuelve con el vigor de las "nuevas" ideas, las que atañen a la condición humana. En la vida como en la literatura el péndulo avanza; siempre habrá nuevos viejos molinos para hidalgos modernos.
Así como aplica a la moda y el diseño, lo vintage también aplica a las ideas. En el mundo publicitario la relación entre cliente y agencia se nutre de la tensión que provoca la expectativa por la gran idea, esa frase, esa asociación simbólica que no sólo provoque recordación sino que detone lo que el contratante desea. No es un tema de creatividad.
La serie Mad Men (alusión a los publicistas de Madison Av.) retrata la época de finales de los 50 y principios de los 60 cuando, entre humo de cigarro, los publicistas sacaban las grandes ideas como conejos de una chistera. Los automóviles convertibles se asociaron a la libertad y al romance extramarital, los cigarros al placer merecido luego de un esfuerzo, el jabón a la sensualidad. Aunque la serie retrata como estereotipo del creativo a Don Draper, joven talentoso, ególatra, de impecable vestimenta (hoy, de no ser por el sombrero, estaría actualizado), en la realidad el genio publicitario surgió de otro lado.
En el primer capítulo de la serie, una investigadora con acento extranjero entrega a Draper su evaluación psicológica sobre los motivadores de fumar. Draper tira el informe a la basura. La serie alude al psicólogo austriaco Ernest Dichter, el hombre que revolucionó la forma de hacer publicidad, un tipo que llegó a Nueva York a ofrecer sus servicios como investigador para el mundo de la publicidad y el marketing. Su modo de ver las cosas fue tan disruptivo para la mentalidad norteamericana (tan fundamentada en números), que muchos lo vieron con reservas, calificándolo de farsante y hasta esotérico.
Dichter llevó el psicoanálisis de Freud al mundo de los negocios. Sus hallazgos y recomendaciones significaron grandes éxitos para las agencias y sus clientes, aún así, ¿cómo fundamentar con números que los cosméticos para una mujer "son una terapia" y no sólo productos de belleza? Mientras los empresarios adoraban la publicidad racional que hablaba del octanaje en cierta marca de gasolina, Dichter hizo que se olvidaran de esos datos duros para anunciar la imagen de un felino salvaje con la leyenda "Ponga un tigre en su motor". Fue él quien recomendó a los autoservicios tener mercancía junto a las cajas registradoras (golosinas y artículos banales), ¿el motivo?, a las mamás no les gusta sentirse malas madres, muchas cederán a las peticiones de los niños.
Sin conocer de Dichter, en una ocasión le dije al consejo de administración de una marca famosa que su producto ayudaba a que las mamás se sintieran mejores mamás (pues promovía el consumo de frutas y verduras). Uno de los asistentes, indignado, me dijo: "eso solamente Dios". Mi sugerencia se basaba en una condición humana, yo no tenía números para probarlo, como tampoco los tuve cuando recomendé al famoso restaurante de Beverly Hills, Lawry's, que su producto mejor vendido no era sólo el prime rib sino la tradición familiar, y que su carver (el que corta la carne frente al cliente) emulaba al padre-proveedor. Luego de aprobar mis recomendaciones, en un evento con un grupo de directores de Lawry's, el CEO dijo que mi trabajo había dado resultado, aunque era "esoteric". Saber que a Dichter lo calificaron igual me ha hecho sentir más que bien.
Tras la búsqueda de los atesorados "insights", hoy está de moda la investigación motivacional, innovadora práctica cuyas raíces están en el baúl empolvado del tiempo.
Así como aplica a la moda y el diseño, lo vintage también aplica a las ideas. En el mundo publicitario la relación entre cliente y agencia se nutre de la tensión que provoca la expectativa por la gran idea, esa frase, esa asociación simbólica que no sólo provoque recordación sino que detone lo que el contratante desea. No es un tema de creatividad.
La serie Mad Men (alusión a los publicistas de Madison Av.) retrata la época de finales de los 50 y principios de los 60 cuando, entre humo de cigarro, los publicistas sacaban las grandes ideas como conejos de una chistera. Los automóviles convertibles se asociaron a la libertad y al romance extramarital, los cigarros al placer merecido luego de un esfuerzo, el jabón a la sensualidad. Aunque la serie retrata como estereotipo del creativo a Don Draper, joven talentoso, ególatra, de impecable vestimenta (hoy, de no ser por el sombrero, estaría actualizado), en la realidad el genio publicitario surgió de otro lado.
En el primer capítulo de la serie, una investigadora con acento extranjero entrega a Draper su evaluación psicológica sobre los motivadores de fumar. Draper tira el informe a la basura. La serie alude al psicólogo austriaco Ernest Dichter, el hombre que revolucionó la forma de hacer publicidad, un tipo que llegó a Nueva York a ofrecer sus servicios como investigador para el mundo de la publicidad y el marketing. Su modo de ver las cosas fue tan disruptivo para la mentalidad norteamericana (tan fundamentada en números), que muchos lo vieron con reservas, calificándolo de farsante y hasta esotérico.
Dichter llevó el psicoanálisis de Freud al mundo de los negocios. Sus hallazgos y recomendaciones significaron grandes éxitos para las agencias y sus clientes, aún así, ¿cómo fundamentar con números que los cosméticos para una mujer "son una terapia" y no sólo productos de belleza? Mientras los empresarios adoraban la publicidad racional que hablaba del octanaje en cierta marca de gasolina, Dichter hizo que se olvidaran de esos datos duros para anunciar la imagen de un felino salvaje con la leyenda "Ponga un tigre en su motor". Fue él quien recomendó a los autoservicios tener mercancía junto a las cajas registradoras (golosinas y artículos banales), ¿el motivo?, a las mamás no les gusta sentirse malas madres, muchas cederán a las peticiones de los niños.
Sin conocer de Dichter, en una ocasión le dije al consejo de administración de una marca famosa que su producto ayudaba a que las mamás se sintieran mejores mamás (pues promovía el consumo de frutas y verduras). Uno de los asistentes, indignado, me dijo: "eso solamente Dios". Mi sugerencia se basaba en una condición humana, yo no tenía números para probarlo, como tampoco los tuve cuando recomendé al famoso restaurante de Beverly Hills, Lawry's, que su producto mejor vendido no era sólo el prime rib sino la tradición familiar, y que su carver (el que corta la carne frente al cliente) emulaba al padre-proveedor. Luego de aprobar mis recomendaciones, en un evento con un grupo de directores de Lawry's, el CEO dijo que mi trabajo había dado resultado, aunque era "esoteric". Saber que a Dichter lo calificaron igual me ha hecho sentir más que bien.
Tras la búsqueda de los atesorados "insights", hoy está de moda la investigación motivacional, innovadora práctica cuyas raíces están en el baúl empolvado del tiempo.
domingo, 28 de junio de 2015
Hambre de renacimiento
La respuesta a bote pronto es: tenemos un déficit de virtudes. Si me preguntan el origen de tantas calamidades diría además que vivimos un medievo: guerras, inseguridad, desigualdad social, modelo económico deficiente, deformación de valores. La impunidad y la corrupción son una especie de oscurantismo de virtudes. Necesitamos un renacimiento mexicano.
El Palacio de Bellas Artes aloja las exposiciones de dos íconos renacentistas: Miguel Ángel Buonarroti. Un artista entre dos mundos y Leonardo da Vinci y la idea de la belleza. Sin menospreciar al primero, quiero referirme al hijo pródigo de Vinci, el hombre que se autodefinió como omo sanza lettere u hombre iletrado, por carecer de formación universitaria (como Steve Jobs), el hombre multidisciplinario, el conocedor de gramática, geometría, filosofía, medicina, astronomía, perspectiva, historia, anatomía, escultura, pintura, diseño y aritmética. Una mente excepcional cuyo talento es mostrado, apenas con una breve muestra de su basta obra, en la sala Diego Rivera.
Las grandes virtudes de Leonardo se deben en buena medida a una asombrosa capacidad de observación y contemplación, especies en peligro de extinción en el hombre moderno cuya vida acelerada, siempre al borde del vértigo, hace imposible ese momento de quietud y profunda reflexión que acompañó al genio italiano desde su niñez campestre. Amante de la naturaleza, en una de sus fábulas predijo el lamento urbano en "aquellos que abandonen la vida de contemplación solitaria para vivir en la ciudad" y aconsejó experimentar la soledad con la naturaleza: "Cuando estés solo te pertenecerás por entero; si vas con un compañero, no serás más que la mitad de ti mismo". Fue tal su embeleso por el mundo natural que advirtió: "Aquellos que toman por modelo cualquier cosa que no sea la Naturaleza, maestra de maestros, se fatigan en vano". Quinientos años después el ganador del premio Pritzker (algo así como el Nobel de arquitectura) Toyo Ito dijo: "no hay mejor arquitectura que la de un árbol".
Da Vinci fue un gran recolector de evidencias, muchas de las cuales plasmó con maestría en sus dibujos y apuntes. Hoy, el ojo supuestamente observador toma fotografías pero no contempla, hace una acción mecánica y hasta rutinaria por coleccionar imágenes, sin entender. En contraparte, para el autor del Hombre de Vitruvio, hacer bocetos a mano significó la comunión contemplativa con el objeto, la paciencia de descubrir y la inteligencia por comprender.
En Bellas Artes se exhibe su Códice sobre el vuelo de los pájaros que, junto a sus estudios de máquinas para volar, evidencian la pasión del genio por surcar los aires, interés que lo llevó a entender los principios mecánicos de la sustentación a través de la observación del milano rojo, ave protagónica de su primer recuerdo, que siglos después analizaría Freud para extraer los significados ocultos de aquella visión del artista.
Es una paradoja de nuestro tiempo que a pesar de contar hoy con muchísimas más herramientas de aprendizaje que las de Leonardo, vivamos un oscurantismo de virtudes, carencia tan grave en el político como en el habitante promedio, quienes, en general, desprecian el pensamiento multidisciplinario, incluso las artes y la cultura. Las virtudes no se inculcan ni se consideran valores. Botón de muestra: por su buen desempeño académico un chico de secundaria es seleccionado para la escolta de la escuela. Rechaza la invitación y, lo que es peor, su madre lo secunda, porque "en la escolta marchan los tetos" (nadie ha podido definirme el adjetivo, similar a nerd). Si desde jóvenes no es "cool" entender las estrellas, amar la geometría, pertenecer a un club del libro, si no se siembran las virtudes y cultivan los talentos, se explica parte de los males que padecemos como sociedad y país. Urge una virtuocracia.
El toscano de escritura especular convirtió la lectura de sus textos en una experiencia retadora, iniciática, una inmersión al mundo de un genio cuyas virtudes son el verdadero vuelo del hombre.
El Palacio de Bellas Artes aloja las exposiciones de dos íconos renacentistas: Miguel Ángel Buonarroti. Un artista entre dos mundos y Leonardo da Vinci y la idea de la belleza. Sin menospreciar al primero, quiero referirme al hijo pródigo de Vinci, el hombre que se autodefinió como omo sanza lettere u hombre iletrado, por carecer de formación universitaria (como Steve Jobs), el hombre multidisciplinario, el conocedor de gramática, geometría, filosofía, medicina, astronomía, perspectiva, historia, anatomía, escultura, pintura, diseño y aritmética. Una mente excepcional cuyo talento es mostrado, apenas con una breve muestra de su basta obra, en la sala Diego Rivera.
Las grandes virtudes de Leonardo se deben en buena medida a una asombrosa capacidad de observación y contemplación, especies en peligro de extinción en el hombre moderno cuya vida acelerada, siempre al borde del vértigo, hace imposible ese momento de quietud y profunda reflexión que acompañó al genio italiano desde su niñez campestre. Amante de la naturaleza, en una de sus fábulas predijo el lamento urbano en "aquellos que abandonen la vida de contemplación solitaria para vivir en la ciudad" y aconsejó experimentar la soledad con la naturaleza: "Cuando estés solo te pertenecerás por entero; si vas con un compañero, no serás más que la mitad de ti mismo". Fue tal su embeleso por el mundo natural que advirtió: "Aquellos que toman por modelo cualquier cosa que no sea la Naturaleza, maestra de maestros, se fatigan en vano". Quinientos años después el ganador del premio Pritzker (algo así como el Nobel de arquitectura) Toyo Ito dijo: "no hay mejor arquitectura que la de un árbol".
Da Vinci fue un gran recolector de evidencias, muchas de las cuales plasmó con maestría en sus dibujos y apuntes. Hoy, el ojo supuestamente observador toma fotografías pero no contempla, hace una acción mecánica y hasta rutinaria por coleccionar imágenes, sin entender. En contraparte, para el autor del Hombre de Vitruvio, hacer bocetos a mano significó la comunión contemplativa con el objeto, la paciencia de descubrir y la inteligencia por comprender.
En Bellas Artes se exhibe su Códice sobre el vuelo de los pájaros que, junto a sus estudios de máquinas para volar, evidencian la pasión del genio por surcar los aires, interés que lo llevó a entender los principios mecánicos de la sustentación a través de la observación del milano rojo, ave protagónica de su primer recuerdo, que siglos después analizaría Freud para extraer los significados ocultos de aquella visión del artista.
Es una paradoja de nuestro tiempo que a pesar de contar hoy con muchísimas más herramientas de aprendizaje que las de Leonardo, vivamos un oscurantismo de virtudes, carencia tan grave en el político como en el habitante promedio, quienes, en general, desprecian el pensamiento multidisciplinario, incluso las artes y la cultura. Las virtudes no se inculcan ni se consideran valores. Botón de muestra: por su buen desempeño académico un chico de secundaria es seleccionado para la escolta de la escuela. Rechaza la invitación y, lo que es peor, su madre lo secunda, porque "en la escolta marchan los tetos" (nadie ha podido definirme el adjetivo, similar a nerd). Si desde jóvenes no es "cool" entender las estrellas, amar la geometría, pertenecer a un club del libro, si no se siembran las virtudes y cultivan los talentos, se explica parte de los males que padecemos como sociedad y país. Urge una virtuocracia.
El toscano de escritura especular convirtió la lectura de sus textos en una experiencia retadora, iniciática, una inmersión al mundo de un genio cuyas virtudes son el verdadero vuelo del hombre.
lunes, 22 de junio de 2015
Destilando graduaciones
Y ahí, donde los demás compartían el éxtasis de la música de un DJ entre efectos de luces y sonidos, yo imaginaba qué dirían el químico francés Gay-Lussac y el estudioso de la política Giovanni Sartori, en medio de aquel espectáculo, una graduación universitaria, aunque quizá el adjetivo correcto sea una graduación alcohólica. La primera se mide en semestres, la segunda en grados GL (Gay-Lussac), y las dos convergen en una pachanga de fin de curso, evento por demás lleno de significados y litros de alcohol para una clase privilegiada en México: el 2% de los que iniciaron estudios de primaria llega a graduarse en la universidad (tasa de mortalidad similar a la de las tortugas).
Este reducido grupo de nuevos profesionistas festeja en medio de pantallas. Nunca mejor aplicado el término de Homo videns. La sociedad teledirigida, donde el italiano Sartori anuncia la dictadura de la imagen. En la pista de baile la mega-pantalla es un gran altar donde los ojos dan certidumbre al oído, las canciones existen mientras tengan un video de testigo. Decenas de minúsculas pantallas se encienden como veladores en la oscuridad, los asistentes toman foto y video en un ritual que sería impensable sin esos recuadros brillantes.
Figura estelar de la noche, el DJ se erige en un pedestal tecnológico con el símbolo de una manzana, púlpito moderno bajo el que las multitudes se aglomeran en espera de ser seducidas por el talento de un alquimista del estado de ánimo de la tribu, sobre sus hombros recae la responsabilidad del "ambiente". Embelesados por este gurú del beat, la multitud sabe leer señales inauditas: si el DJ levanta una mano, la música es doblemente buena, si levanta las dos, anuncia que la euforia es inminente. Aun en las bodas, el DJ ha desplazado a la música en vivo, muchos grupos musicales se han quedado sin trabajo; si siguieran la lógica de los taxistas contra Uber, protestarían por competencia desleal (la discusión puede ser interesante, fuera de sus creaciones, el DJ lucra con material que tiene derechos de autor).
Las botellas de alcohol, principalmente destilados de alta graduación, se vacían en las mesas. Atrás quedó la época en que la mujer se rezagaba en la carrera etílica, hoy ha tomado una significativa delantera y para ello tiene herramientas propias a la ocasión. El comité organizador ha tenido a bien repartir un paquete de sobrevivencia entre los graduados, una bolsa con artículos de primerísima necesidad: una botella de suero oral, un vasito o "caballito" para los "shots", pastillas de ácido acetilsalicílico (aspirina), un sobre con sal de uvas y, finalmente, la joya de la corona: un recipiente plástico que a modo de gran biberón (¡además tiene luz propia!) servirá para evitar la molestia de regresar de la pista a la mesa para seguir tomando, algo así como el tanque de oxígeno de un astronauta. Esta "autonomía de combustible" permite a los jóvenes una ingesta continua y nomádica, ni siquiera interrumpida por otra decisiva aventura de la noche: ir a orinar.
Dependiendo del grado de alcohol en la sangre, el trayecto al sanitario puede ser rutinario o extremo. Con mirada estrábica y asidos a su bebida, varios zigzaguean en la aproximación final al mingitorio. Algunas chicas, incapaces de mantener el equilibrio, han renunciado a los tacones y caminan descalzas (en ocasiones usan sandalias que previamente les repartieron). No faltan las cortadas accidentales por algún fragmento de cristal.
Un patrón similar sucede en las graduaciones de preparatoria (y seguramente de secundaria). Es un hecho que en México se consume mucho alcohol a edades cada vez más tempranas. Recientemente el Senado aprobó cambios a la Ley General de Salud para combatir este tema. Poco se logrará a menos que se aborde como un fenómeno de nuestro sistema social (cultural).
De pleitos, vomitadas y caídas ya no hablé. La noche transcurre cercana al alba mientras el homo videns y el homo alcoholicus regresan la historia: pierden la capacidad de hablar.
Felicidades, graduados.
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