Nací arqueólogo sin saberlo. Una cueva remota y oscura confirmó mi vocación: lo mío sería desenterrar significados. Veo cosas y escribo y escarbo. Leo para darme cuenta lo poco que sé de todo. Fundador de Mindcode, ayudo a innovar y entender la conducta del consumidor. Hago preguntas para encontrar respuestas y después tengo más preguntas. Lo mío es caminar en la cueva, encontrar la luz y volver adentro. Al final espero un epitafio corto: Signifiqué.
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domingo, 15 de mayo de 2016
Wynwood
En los inicios de este siglo algo cambió para bien en Wynwood. Si bien el grafiti es un acto de transgresión, su lado artístico cruza fronteras inimaginables. Un promotor de arte urbano trajo artistas callejeros de varias partes del mundo. Se abrieron galerías, tiendas de moda, pequeños restaurantes. Pronto el mundo hipster, ávido de alteridad, se adueñó de la zona. Visitar el vecindario del arte se convirtió en moda, la ciudad de Miami tenía otra estrella más para sus millones de visitantes. No todo ha sido miel sobre hojuelas para Wynwood. La revaloración de la propiedades ha subido las rentas, muchos de los artistas y pobladores originales han migrado a zonas más amigables, financieramente hablando.
En el 2014 un escándalo acaparó la atención de los medios. La firma multinacional de ropa American Eagle Outfitters decidió usar para una campaña publicitaria mundial unos diseños tomados de los murales de Wynwood. Se trataba de los "ojos dormilones" sello del artista urbano David Anasagasti, conocido en el argot como Ahol Sniffs Glue. El problema fue que la firma de moda nunca pagó derechos de uso, seguramente porque pensaron que estaban tomado "algo de la calle". El grafitero demandó a la corporación y durante el tiempo que duró el litigio, el caso fue visto como una reivindicación social del arte callejero y las voces marginadas ante la voracidad capitalista. El juicio ya terminó bajo un acuerdo confidencial. Como a muchos, me asalta la duda de si el grafitero se hizo millonario a costas de aquello que reniega. Como sea, esta pequeña historia de plagio es muy significativa para construir en la cultura de la legalidad. En un país donde un grafitero puede ganarle a una corporación mundial, la gente percibe la neutralidad y la fortaleza de un Estado de derecho. ¿Ganaría un grafitero mexicano de Tepito un juicio similar? Lo dudo, pero no debemos perder la esperanza de que eso suceda.
Wynwood es un ejemplo más del efecto curativo del arte, el diseño y la cultura sobre tejidos urbanos vencidos por la degradación moral que poco a poco se van acostumbrando a la violencia como forma de vida. La normalización de la violencia tal vez sea la agresión más severa para el ser humano. La costumbre es como un ataque de termitas o de humedad, hace difusos los límites de lo permisible; algún día la desgracia es sustancialmente mayor, se derrumba el techo de nuestra casa y alguien se pregunta ¿cómo llegamos hasta este punto?, ¿en qué momento pasó?, la respuesta es: acostumbrándonos a la violencia (o a la corrupción o a las infracciones de tránsito o al "diablito" para robarse la luz o al estacionamiento en zona prohibida, o a los vendedores ambulantes, etcétera), siendo indolentes y viendo como parte del paisaje cotidiano actos incrementales a manos de nobles ciudadanos que quieren un país mejor pero no se dan cuenta que con sus pequeñas transgresiones (hazañas bribonas, como diría el doctor Guillermo Zúñiga) están construyendo lo contrario.
En todo el mundo hay ejemplos de que el arte y la cultura son extraordinarias formas de revertir conductas delictivas y generar desarrollo humano, social y material. Aún así, la mayoría de los políticos no lo ve. Esta miopía es otra forma de violencia.
También el futuro puede ser asaltado.
lunes, 9 de mayo de 2016
El otro lado del infierno
domingo, 1 de mayo de 2016
Turismo a escala humana
Jan Gehl dice: "Solamente la arquitectura que considera la escala humana y la interacción es arquitectura exitosa". El concepto de escala humana, tan ligado a la arquitectura y al diseño, podría darnos lecciones en otros rubros.
Celebro la campaña de la Sectur "Viajemos todos por México". Nuestro país tiene las bases para ser potencia mundial en turismo, pero contar con recursos naturales y patrimonio histórico excepcional no es suficiente si el servicio no está a la altura del reto. Hay turismo a escala humana y turismo a escala corporativa. El primero logra una gran conexión emocional con el turista, y es rentable, el segundo nada más pretende ser rentable (y en muchos casos por supuesto lo es), pero la diferencia es notable.
En un viaje de trabajo en el que mi objetivo era entender las claves del servicio de los italianos alrededor de la comida y bebida, sucedió algo notable. Ya tarde como para encontrar un restaurante abierto, llegué con mis compañeros a Parma. En 4 sitios nos miraron con lástima, "la cocina está cerrada". En una calle lateral vi una luz prendida, caminé solo mientras el grupo esperaba en la esquina otro fatal "È chiuso". Una señora de edad avanzada guardaba las sillas de las mesas en la banqueta, un joven hacía corte de caja, no había un sólo cliente. Habían cerrado.
Para mi sorpresa la respuesta fue positiva. De pronto el joven tomó una actitud excepcional, parecía que estaba en un concurso de TV que graba con cámara escondida. Actuaba con vitalidad y gusto, como si fuéramos sus primeros clientes del día, no los últimos. Mientras la señora (su madre) cocinaba, él nos narraba apasionadamente el origen de cada platillo, como si el orgullo de un país dependiera de que pudiera sostener con dos tenedores una rebanada de prosciutto. Trajo una botella de vino como quien carga un trofeo delicado. No sólo cenamos delicioso, tuve la más grande demostración (actitud a escala humana) de lo que es ser anfitrión.
La escala humana en el turismo entiende al cliente o huésped sin traicionar la rentabilidad. También en México he tenido experiencias memorables. Haciendo ecoturismo en la maravillosa laguna de Bacalar mi esposa pidió al hotel usar una pequeña palapa (aislada del restaurante) para una cena romántica y, aunque no acostumbraban a hacerlo, accedieron de buena gana. En otro hotel de la misma zona, precedido por su reputación "espiritual y holística", un gerente de restaurante se negó a mover la mesa 3 metros para que pudiéramos cenar bajo las estrellas argumentando que los demás clientes (había sólo 2 mesas más) le pedirían lo mismo y por política no podía hacerlo (estaba en escala corporativa).
Las líneas aéreas son un fractal de lo que puedes esperar de un país. Volaris es una línea eficiente, pero odiosa. La forma de aplicar sus políticas está generando mucho malestar (basta leer los comentarios y las amargas quejas en las redes sociales), especialmente por su inflexibilidad en materia de equipaje. Están en su derecho, son sus políticas (y seguramente reportan buenos resultados financieros), pero esa excesiva escala corporativa tarde o temprano les cobrará la factura. Uno de sus empleados me timó. Al documentar me aseguró que podía subir a la cabina con mi maleta y que no me cobrarían. Dos veces le pregunté si estaba seguro, dos veces me dijo que sí. Al momento de abordar tuve que pagar 400 pesos por mi maleta y no valió mi argumento. Fui literalmente asaltado so pena de no abordar. Además el cobrador actúa como un cínico y desalmado gatillero a sueldo. Hoy Volaris no ayuda a "Viajemos todos por México", ¿hará algo la Sectur?
Los Pueblos Mágicos cautivan por funcionar en escala humana, nos recuerdan que el automóvil es prescindible. El turismo a escala humana piensa en momentos de vida, construye experiencias memorables, el turismo a escala corporativa piensa en aplicar la política inflexiblemente y en el retorno a los accionistas. Una cosa no está peleada con la otra. Si conciliamos esto, también el mundo dirá Viajemos todos por México.
lunes, 25 de abril de 2016
Catedrales
Para Fernando del Paso, Catedral.
Me asalta una pregunta difusa, ¿en qué lenguaje se escriben las catedrales?, estos edificios que parecen tener alma y que expresan dentro de su simbolismo, generalmente hermético, una narrativa entre formas, relieves, luces y sombras, espacios formidables que, más allá de profesiones religiosas, cautivan al ojo que quiere ver. Las catedrales son sitios de inspiración donde el silencio habla, referentes del espíritu humano, recordatorios de lo posible, narración perenne.
El mundo comercial es en extremo simbólico. La proliferación de mensajes nos invade todos los días, ahora en medios difícilmente pensados por aquellos maestros que cifraron sus mensajes en los libros de piedra, las catedrales. Detrás del culto a las religiones y a las marcas, están los mismos principios estructurales. A riesgo de que mi comparación parezca profana para algunos, las catedrales funcionan del mismo modo que las llamadas "tiendas insignia", sitios de gran carga simbólica donde una marca no sólo exhibe objetos, también proyecta sus principios fundacionales (en el mejor de los casos filosóficos) y genera la integración de consumidores fieles (o fieles consumidores, para el caso es lo mismo) que viven la narrativa (equivalente a la doctrina) muchas veces originada por un fundador (mesías) o un mito fundacional.
Las catedrales se erigen en sitios que luego se vuelven importantes (a causa de las catedrales; plusvalía, le llaman los desarrolladores de tierra). Véase la tienda insignia de Apple en Nueva York. Dentro de un cubo de cristal parece flotar el símbolo de adoración, la manzana que ha sido mordida en claro desafío al statu quo. Del mismo modo que La Meca o el Vaticano atraen fieles, la visita a las tiendas insignia son una forma de reverencia, se vuelven lugares de culto que cohesionan a grupos que comparten las mismas creencias y fortalecen su lealtad y fe a través de rituales comunes.
Las catedrales son mucho más que bellos edificios. Fulcanelli, autor francés de misteriosa identidad, desapareció en 1926. Antes dejó dos libros. En El misterio de las catedrales, usa el sarcasmo cuando les llama maestros sin palabras y sin voz, para luego llevar al lector al otro extremo y comparar las catedrales con letras esculpidas en piedra "santuarios de la tradición, de la ciencia y del arte, la catedral gótica no debe ser contemplada como una obra para la gloria del cristianismo sino como una vasta correlación de ideas, de tendencias y de fe populares". Esa vasta correlación de ideas es la narrativa que expresa una religión o una marca a través del sitio físico.
Por sugerencia de mi provocadora oficial (mi esposa), vi la película Tren nocturno a Lisboa, la búsqueda filosófica de un hombre por conocer el pasado de Amadeu do Prado, médico portugués ya fallecido, a quien accede por su único libro y los recuerdos de sus contemporáneos. Dentro de una catedral el joven Amadeu se rebela "No me gustaría vivir en un mundo sin catedrales. Necesito su belleza y grandiosidad, en lugar de los colores sucios de los uniformes militares. Amo las poderosas palabras de la Biblia. Necesito la fuerza de su poesía. La necesito contra el decaimiento del lenguaje, y las consignas inútiles de los dictadores.
"Pero hay otro mundo en el que no deseo vivir, un mundo en el que el pensamiento independiente es despreciado y las cosas que mas aprecio, denunciadas como pecado. Un mundo donde nuestro amor es exigido por tiranos opresores y asesinos. Y lo más absurdo, la gente es exhortada desde el púlpito a perdonar a estas criaturas y hasta amarlas".
Vivimos tiempos de instituciones resquebrajadas, gobiernos, iglesias, ejércitos, profetas que animan el racismo, militares que torturan, políticos que traicionan, maestros que no enseñan. Pero dentro de esos grupos hay catedrales, seres hechos de la piedra de la resistencia, construidos sobre la ética y el valor de oponerse a la injusticia. Ellos no se doblan, son reserva erguida de la esperanza.
Como el personaje de ficción que reta la realidad, no quiero un mundo sin catedrales.
domingo, 17 de abril de 2016
Psicología de las cosas
La recepción del edificio en cuestión tiene el mismo defecto que el aparato que despacha boletos cuando llegas en tu automóvil a un estacionamiento, cuyo primer botón no es para sacar el boleto sino para activar el intercomunicador con la oficina administrativa. Un mal diseñador equivocó el orden de los botones, por intuición un automovilista entiende que el primer botón es el que debe pulsar. Fastidiados por los "errores de la gente" los administradores han pegado un feo letrero que dice "Boleto" para indicar cuál es el botón correcto.
Nuestra vida está llena de grandes diseños, también de malos, esos pequeños grandes detalles que hacen que constantemente "nos equivoquemos". Conozco un edificio que ganó un premio mundial de arquitectura, pero cuando entras al elevador tienes que subir un pequeño escalón. Naturalmente, la gente tropieza con frecuencia.
"Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube un ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular...", ilustra Cortázar en Instrucciones para subir una escalera, un texto donde describe la obviedad cotidiana, un comportamiento intuitivo que no necesita instrucciones. Pero no todas las cosas son intuitivas como una escalera.
Uno de los factores de éxito en la carrera de Steve Jobs fue su concepción del diseño de las cosas. Acostumbraba a decir que los objetos tenían alma para referirse a su potencial para interactuar de forma simple y a la vez bella con las personas. El buen diseño de objetos y procesos es profundamente metafórico, debe ser intuitivamente obvio. Jobs buscaba "simplicidad para el futuro inspirado en metáforas del pasado". Así podemos explicar que el sustituto del lápiz digital sea ¡el dedo! Acostumbro hacer esta analogía: el hombre de la caverna dejó testimonio de sus logros en el muro de la cueva, ¿cierto?, ahora dime ¿en qué parte de Facebook dejas testimonio de tus logros? ¡Se llama muro!
En Psicología de los objetos cotidianos, Donald Norman dice que "Los objetos bien diseñados son fáciles de interpretar y comprender. Contienen pistas visibles acerca de su funcionamiento". Esas pistas visibles son las que muchas veces nos llevan a cometer "errores". En los baños de la terminal 2 del AICM, las puertas de los WC cierran dejando una ligera diagonal, como resultado quieres empujar una puerta cerrada que tu cerebro interpreta como abierta. Como si fuera museo del mal diseño, en el mismo aeropuerto las pantallas que anuncian los vuelos de salida han sido divididas por un gran pasillo. En una pared están las pantallas 1 y 3 (los números son apenas visibles), y del otro lado del pasillo las 2 y 4. Esta absurda división provoca confusión y los pasajeros dicen "no está mi vuelo". Lo que sucede es que para seguir la secuencia por horario de la pantalla 1, tendrías que cruzar el pasillo para ver la pantalla 2.
Todas las carreras deberían tener materias sobre diseño, sus metáforas de vida cotidiana aplican así seas recepcionista, CEO o secretario de Estado. Comenzarás a entender y disfrutar esto cuando personas a tu alrededor sientan que les entiendes y tal vez te pregunten: "¿eres psicólogo?".
lunes, 11 de abril de 2016
Panoptismo inquisitorial
Precaución: bailar en vacaciones puede hacerte perder tu trabajo. La profesora Clarissa fue despedida del Instituto Cumbre del Noroeste, colegio privado de Ciudad Obregón, luego de que se difundiera viralmente un video donde baila eróticamente en una playa de Los Cabos, durante sus vacaciones de Semana Santa. La directora del colegio lo consideró como "conducta inmoral". Los padres de familia, a decir de la rítmica indiciada, presionaron también de modo que Clarissa ya no tiene trabajo.
Solange Alberro escudriñó durante 18 años los archivos inquisitoriales novohispanos. En Inquisición y Sociedad en México 1571-1700, da cuenta de su profusa investigación donde narra lo que era denunciado, perseguido y castigado por el tribunal del Santo Oficio. Desde delitos religiosos menores, reniegos, blasfemias, palabras y acciones escandalosas, poligamia, bigamia, solicitación, dichos contra la castidad, la virginidad y favorables a la fornicación, al amancebamiento, prácticas de magia y hechicería, uso de hierbas, procedimientos adivinatorios, entre otros, la vida colonial estuvo plagada por el miedo inquisitorial y por la delación. Si un vecino te vio usando hierbas "raras" en la cocina bastaba para que te delatara como sospechosa(o) de prácticas demoniacas.
Me imagino a la directora del colegio reunida con algunos padres de familia, todos escandalizados por un video que habla por sí solo, aunque de no haber video y suponiendo que tal evento sucedió en el siglo XVI, tendríamos ahí a los severos inquisidores iluminados con una vela y claro, con la luz de sus buenas conciencias, apoyados por el Malleus Maleficarum y el Flagellum Demonium, escuchando a un testigo delator: "...y visto lo cual, la mujer arropada, o mejor dicho, desarropada con minúsculas e impúdicas prendas, agitó ante la multitud su cuerpo en formas que alentaban el deseo por la carne, y enseguida, como poseída de malas artes, acercose a un varón para mostrarle obscenamente los glúteos mientras su cuerpo era presa de señales impúdicas, pecaminosas y eróticas".
Uno de los castigos inquisitoriales era el paseo infamatorio para provocar "vergüenza pública" (práctica que sigue vigente en nuestros días a través del bullying) mientras se administraban azotes al reo al tiempo que sus delitos eran pregonados. No cabe duda que los tiempos del Santo Oficio no se han ido. El castigo a la maestra lo origina un acto de su vida privada, el hecho por el que fue condenada no ocurrió durante sus actividades laborales y no acusa incapacidad profesional. ¿La defenderá la CNDH?
¿Existe la vida privada? Jeremy Bentham diseñó un modelo de vigilancia carcelaria donde los presos se sentían vigilados, aunque no fuese así. A esta arquitectura de las prisiones se le llamó panóptico, especie de torre central desde donde los reos son mirados. Funciona porque induce en el observado un estado consciente y permanente de ser vigilado que facilita el ejercicio del poder, una omnisciencia invisible alimentada por una asimetría visual: te ven, o crees que te están viendo, pero tú no puedes ver.
Michel Foucault aludió a este tema en Vigilar y castigar, donde escribe de un proceso civilizatorio en la forma de ejercer el poder ante las transgresiones sociales, una "economía del castigo". Foucault vio en el panóptico de Bentham no sólo una forma de poder sino de saber, un medio para transformar la conducta.
Aunque lo dijo en otro sentido, Pedro Ferriz Santa Cruz tenía razón, un mundo nos vigila, estamos bajo el escrutinio constante de un gran panóptico invasor. En la Nueva España identificar a un transgresor era más complicado que ahora, había un alejamiento de tiempo y espacio (el hecho tardaba en conocerse y el sospechoso cambiaba de lugar). Hoy estas dimensiones se han acortado o prácticamente han desaparecido. Cuando Clarissa dejó de bailar el video ya estaba rumbo al ciberespacio.
Para gozo del Santo Oficio vivimos en un mundo reducido por la tecnología donde todos somos potenciales delatores. Lo que sucede en Las Vegas se queda en YouTube.
domingo, 3 de abril de 2016
Circulo, luego existo
Somos esclavos de uno de los más notables inventos humanos. Sustituyó a las carretas, en México prácticamente extinguió al tren de pasajeros, eliminó las molestias de atender a los caballos, hizo los viajes más cómodos y rápidos, llegó para implantar su reino en las ciudades. La lógica del desarrollo urbano desde el siglo XX tiene nombre, también cilindros, frenos, volante y, últimamente, convertidor catalítico sin el cual su tiranía sería letal.
Implantar el No Circula de forma generalizada en la Ciudad de México y zonas conurbadas ha sido polémico. La lógica de la política es la más ilógica de las lógicas, sólo así se explica que los gobernantes apoyen una medida que ha demostrado no funcionar para los fines que se pretende. El hecho exhibe la (in)capacidad de los involucrados para tomar decisiones y sin duda tendrá un costo en sus carreras, para varios será otra forma de no-circula en sus aspiraciones políticas.
Nos duele quedarnos sin auto un día a la semana, más nos debería doler que el automóvil sea un elemento indispensable para la vida moderna y no tener transporte público eficiente. Vivir alrededor del motor se ha hecho imprescindible; desde su inserción en la sociedad generó la posibilidad de aumentar la distancia de desplazamiento y disminuir el tiempo de traslado. Se entiende el deseo natural de crecer las metrópolis horizontalmente. La lógica de las ciudades coloniales se centraba alrededor del peatón y del caballo, fue un modelo que promovió la concentración, la compactación urbana, base del esquema de lo que hoy se conoce como el nuevo urbanismo, un rescate de las formas de antes donde la vida transcurría a velocidad del caminante, no del motor.
En la medida que su uso se democratizó, tener automóvil se convirtió en una de las aspiraciones de la clase media. Quino, en Mafalda, ilustró bien este sueño. En sus tiras consta la aspiración y el drama de poseer un auto. El tener carro y/o querer tener uno modificó la conducta humana. Nuestras ciudades coloniales, como los centros históricos de Europa, son una pesadilla para quien lleva automóvil. Las casas de antaño no tenían garaje y si acaso había un auto por familia. Nuestra vida contemporánea tan dispersa territorialmente, más las malas decisiones del gobierno (como el Hoy No Circula) han llevado a tener más carros en casa.
En Sally (1953), Isaac Asimov escribe de una granja poblada por automóviles con motor positrónico donde su dueño les da pródigos cuidados como si fueran seres vivos; en reciprocidad las máquinas le son fieles. Luego de un incidente donde tiene que ver la ambición humana, los autos entran en contacto con otros vehículos que están fuera de la granja y se dan cuenta que los hombres han esclavizado a los carros. El protagonista visualiza una potencial y peligrosa sublevación de los motores. En este cuento Asimov retrata a un personaje que vive para cuidar sus carros. Si pudiera vernos, sabría que el esclavo ha terminado por ser el tirano que exige tenencia, verificaciones, mantenimiento, seguros, cuota de estacionamiento, gasolina y más.
Otro grande de la ciencia ficción, Ray Bradbury, describe en El Peatón (1951), la imposición dictatorial de un gobierno que castiga a un tipo que, en una urbe atestada de autos en el día, decide caminar por las calles durante la noche y no tener televisión (es escritor), lo encuentra sospechoso de no ser parte de las prácticas de la mayoría. El genio de Crónicas marcianas se reiría hoy de saber que el gobierno de la CDMX castiga al ciudadano del automóvil. En la medida dictatorial sí le atinó.
Ambos escritores predijeron un futuro (alrededor del 2050) donde masivamente hay autos sin chofer. Todo indica que esto sucederá antes. Lo que no predijeron fue el error de centrar la vida en torno al automóvil.
Hoy, deberíamos virar hacia políticas que favorezcan tener un transporte público moderno y eficiente. Después de todo, el automóvil requiere dos cosas para triunfar: velocidad y espacio, ambos elementos en peligro de extinción en nuestras urbes.