Nací arqueólogo sin saberlo. Una cueva remota y oscura confirmó mi vocación: lo mío sería desenterrar significados. Veo cosas y escribo y escarbo. Leo para darme cuenta lo poco que sé de todo. Fundador de Mindcode, ayudo a innovar y entender la conducta del consumidor. Hago preguntas para encontrar respuestas y después tengo más preguntas. Lo mío es caminar en la cueva, encontrar la luz y volver adentro. Al final espero un epitafio corto: Signifiqué.
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viernes, 12 de junio de 2015
Convergencia divergente
John Nash vio y vivió la vida a través de números, ecuaciones y pensamientos disruptivos. Llegó a la universidad con una breve recomendación: "Este hombre es un genio". Saberse superior no siempre le abrió las puertas de la convivencia. Llegó a despreciar las clases para encontrar sus propias soluciones, retó a sus profesores. En su adultez joven fue diagnosticado con esquizofrenia, sus alucinaciones (auditivas, no visuales como se proyectaron en el cine) lo hicieron sentirse perseguido por "criptocomunistas" de traje y corbata roja, también por alienígenas que le enviaban mensajes cifrados. Llegó a pasar más tiempo en los hospitales psiquiátricos que en las aulas.
Cuando le preguntaban cómo alguien tan racional y lógico podía creer en aquellas insólitas presencias, decía que de la misma forma le llegaban los pensamientos numéricos que le aplaudían. Su tesis de doctorado en Teoría de juegos (Nash tenía 21 años) fue la semilla que 45 años después lo catapultó al Nobel. El modelo es hoy usado para predecir resultados a partir de distintos comportamientos (consiguió soluciones matemáticas a problemas cotidianos).
La escena de A beautiful mind donde se dramatiza el momento luminoso de su teoría de juegos es por demás valiosa para los jóvenes: Nash está con 4 amigos en un bar. Llega un grupo de 5 mujeres, una rubia destaca. Aunque son 5 contra 5, presumiblemente todos los hombres querrán aproximarse a la más atractiva para sacarla a bailar. Nash visualiza lo que pasaría si eso sucede. Mientras su mente divaga, sus amigos repiten una frase del que consideran padre de la economía moderna, Adam Smith, en una competencia, "la ambición individual sirve al bien común" (cuando cada quien en un grupo hace lo que es mejor para él mismo). Nash les explica que si todos se lanzan por la rubia, se bloquearan mutuamente y nadie la conseguirá. Si luego van por las amigas, serán rechazados; ellas no querrán sentirse plato de segunda mesa. Si ninguno va por la rubia, 4 conseguirán bailar y no se habrán bloqueado.
El modelo de Nash, enfocado en entender la dinámica de la conducta y el conflicto entre humanos (analizando estrategias usadas en juegos, como el póquer), demostró que la mejor solución es aquella donde el resultado es mejor para el individuo y para el grupo. Actualmente es aplicado en diversas disciplinas: economía, biología evolutiva, estrategia militar y de negociación, en fin, en cualquier ámbito donde se analicen alternativas para dar con el mejor resultado posible. El mundo lo conoce como el Equilibrio de Nash.
Pocos políticos o empresarios buscarían soluciones en campos divergentes como las matemáticas. Cuando empecé mi búsqueda para entender la innovación y el comportamiento del consumidor, no toqué las puertas del marketing y de la investigación de mercados, toqué las puertas de la psicología, la antropología, la sociología, la neurociencia, la semiótica, la biología, fascinantes sitios a los que he añadido la psicología evolutiva, la arquitectura, el urbanismo, la filosofía y la economía del comportamiento. Es a través de una especie de convergencia divergente donde uno encuentra respuestas a problemas que durante mucho tiempo no han tenido solución, o han tenido la misma ineficiente respuesta. En la cabeza de un genio matemático hubo esta convergencia divergente, imagino que en mentes privilegiadas como Newton y Da Vinci pasó algo similar.
El próximo sábado Nash cumpliría 87 años. Sus últimos lustros fueron lúcidos y activos, extrañamente la esquizofrenia terminó cuando él decidió controlar sus alucinaciones. Su historia inspira la extraña obviedad: buscar soluciones en sitios descabellados.
lunes, 1 de junio de 2015
El mérito espanta
Si Eruviel Ávila o Emilio Chuayffet hubieran sido directores de la escuela donde estudié, esta historia no existiría. A varios de nosotros, estudiantes de tercero de prepa, nos unía la admiración por un grupo de rock de jóvenes que llegaban a la escuela cargando sus propios instrumentos y se hacían llamar Green Hat, y también nos unía el miedo, bueno, quizá me quedo corto, Borges lo dijo mejor en su lírica Buenos Aires: "No nos une el amor sino el espanto". Nos amalgamaba una fatalidad: el pavor al examen de matemáticas, no era una evaluación común, podía llegar a ser una masacre exponencial.
Hecho el pase de lista, Jáuregui (imposible olvidar el apellido) seleccionaba un compañero y lo pasaba al pizarrón. El examen de cálculo era individual y frente al grupo; para aspirar a la máxima nota uno no sólo tenía que alinear el signo de igual con la raya del quebrado, había que razonar en voz alta la integral o la derivada, explicando paso a paso la solución. Los demás sudábamos resultados posibles desde el pupitre. Luego de la respuesta o de un tiempo determinado cuando el compañero quedaba en rigor mortis, Jáuregui, de viva voz, daba el veredicto. Y eso sucedía toda la semana.
Si el gobernador del Estado de México o el secretario de Educación hubiesen sido el director de la prepa, los opositores a ser examinados en matemáticas (todos los alumnos) hubiésemos hecho una manifestación, tomado las instalaciones de la escuela, bloqueado las calles aledañas, para exigir que no hubiera la terrible tortura mental de un examen. Si esos funcionarios hubieran dirigido la escuela, muchos de mis compañeros de aquel entonces y yo seríamos hoy menos competitivos.
Aunque luego moderó sus declaraciones, Eruviel Ávila dijo que el servicio de transporte con chofer llamado Uber no podrá operar en su estado "porque representa una competencia desleal para más de 100 mil taxistas que operan legalmente". Sin menoscabo a que cualquier innovación de productos o servicios debe operar al amparo de la ley, la señal enviada por el priista no debe sorprendernos, él proviene de un sistema clientelar donde el mérito (capacidad de un individuo para dar resultados) consiste en no tener méritos para los ciudadanos sino para su propio sistema: proteger y privilegiar a unos, estorbar y bloquear a otros. En su enmienda, es encomiable que ahora pretenda ayudar a los taxistas a superarse, ¿le servirá su formación política?
Si en uno de esos brincos al estilo serpientes y escaleras que tiene la política, al secretario Chuayffet lo nombran director de Correos de México, ya saben los carteros lo que tienen que hacer, presionarlo para que desaparezca el correo electrónico, ¡competencia ultra desleal para los hombres que a punta de pedal y silbato entregan cartas y telegramas! Haber renunciado a la evaluación magisterial por presiones sindicales es lamentable.
El caso Uber como el recular de la SEP evidencian (entre otras lecturas político electorales) un temor a ser examinados, también un temor al cambio y al progreso, miedo al mérito. Si bien la meritocracia (sistema social que fundamenta el progreso en función de las capacidades del individuo y establece recompensas con base en los resultados) no es per se cura milagrosa (debe acompañarse de políticas públicas y privadas para que más gente tenga acceso a buena educación y entrenamiento), las decisiones de Ávila y Chuayffet significan un lastre para mover a México.
Voltaire avaló y admiró desde el siglo XVIII las ideas meritocráticas de Confucio. Platón y Aristóteles argumentaron a favor de un sistema de méritos. La naturaleza misma es meritocrática. Los políticos que hoy toman decisiones parecen no darse cuenta o, peor, no les importa (en el fondo desprecian al ciudadano).
Muchos ingenieros exitosos (ex compañeros de aquella prepa) recuerdan con veneración y gratitud al hombre que los forzó a pasar al pizarrón. ¡Ah!, y los jóvenes roqueros de Green Hat se convirtieron en Maná; hoy son ante el mundo, por méritos propios, un ejemplo del talento mexicano.
lunes, 25 de mayo de 2015
Territorios abandonados
lunes, 18 de mayo de 2015
Los muros caen
lunes, 11 de mayo de 2015
"Uberizar" la política
Pensemos lo que vivimos con la economía compartida donde Uber, el servicio de contratación de automóvil con chofer, accesible desde un teléfono inteligente, aparenta ser una gran innovación, pero si observamos bien, se trata de volver a las bases de la economía: conecta oferentes con demandantes sin la mediación de intermediarios, la parasitocracia.
Lo que sucede con Uber y los taxis es un fractal de lo que pasa en el gobierno, lo que detiene a México. Un estupendo reportaje de Mural ha puesto en evidencia la estructura parasitaria alrededor del servicio de taxis en Guadalajara (en otras ciudades debe ser similar), un sistema perverso que lucra con permisos, evade impuestos y explota a los choferes; no es casual que la capital de Jalisco tenga los taxis más caros de México.
En cualquier sistema las estructuras parasitarias atentan contra el consumidor final. En la política, si hubiera una "uberización" sería benéfico a los ciudadanos, pero atentaría contra los parásitos. Uno de los mitos del mercado es creer que existe la lealtad a las marcas. Por investigaciones en varios países, sobre distintas industrias, he constatado que la lealtad es al beneficio, no a la marca. Ciudadanos o consumidores están motivados para obtener y frecuentar, en consumo o afecto, aquello que les dé ventajas. La lealtad es el pegamento de contacto entre dos elementos que solos no tendrían adherencia. La marca tendrá lealtad en la medida que adueñe al beneficio.
Imaginemos al "uberpolítico": no tendría fuero, podrías sustituirlo cuando no dé resultados, costaría x veces menos, no robaría ni tendría conflicto de intereses con proveedores del gobierno, no mentiría, te daría información transparente y procuraría mejorar tu economía y tu seguridad (parece ficción, ¿no?). En el fondo es la lucha entre la parasitocracia y la meritocracia. La primera añade volumen, engrosa costos, busca los beneficios de su clan (es el caso de las uniones de taxistas, la reventa, los partidos políticos y los sindicatos magisteriales que temen a la evaluación, temen al mérito), la segunda añade valor al consumidor final. Una complica, otra simplifica. Una añade lucros, otra valores. Una es como el colesterol en la sangre, detiene, otra un puente (bypass) que hace fluir.
Innovar no es simplemente tener una idea nueva o hacer reformas novedosas, innovar son ideas ejecutadas que agregan valor. Y hay una prueba de fuego para saber si la nueva idea añadirá valor: pregúntate si la idea ejecutada añadiría valor al hombre de la época de las cavernas. A pesar de la modernidad y la tecnología, compruebo que la satisfacción de beneficios primarios es la mira de cualquier innovación. Nuevas propuestas de valor como Airbnb (renta de propiedades inmobiliarias por lapsos cortos a través de internet, que compite con la industria hotelera tradicional, donde no tienes que pagar una serie de impuestos que sirven, dicho sea de paso, para sostener la estructura parasitaria del gobierno) y Uber son atractivos y generan lealtad porque otorgan beneficios atractivos.
La política en México no genera lealtad porque no da beneficios al ciudadano, al contrario, lucra con su posición (corrupción, más impuestos, más regulaciones) y establece sistemas de salvaguarda (impunidad, concertacesiones) y sucesorios basados en derechos adquiridos dentro del clan, no en méritos relevantes para los ciudadanos, de ahí que los candidatos a puestos de elección popular y funcionarios de gobierno son en su mayoría parásitos sin méritos para los ciudadanos.
De la yesca al láser, la economía compartida muestra el poder de la tribu, una esperanzadora verdad: mérito mata parásito.
lunes, 4 de mayo de 2015
Entre llamas, llamados
Usaron el fuego para destruir. Bajas de soldados y civiles. El enemigo entró para quemar y sembrar muerte y destrucción. Es la síntesis de una crónica azteca sobre el ataque sufrido en Tenochtitlan en 1521.
El fuego como común denominador en los rituales de destrucción (y purificación) del hombre. De las guerras religiosas en Francia a la conquista de México a Jalisco y estados vecinos que fueron motivo de incendios provocados por grupos delictivos, el hombre conserva esta condición tribal de quemar para destruir y sumar a su causa.
Llamas y llamados. Ciertamente las llamas del 1o. de mayo son preocupantes, pero yo prefiero haber estado en Guadalajara el 1o. de Mayo de 2015 que en París en 1572, o en Tenochtitlan en 1521. La latente condición salvaje del hombre hoy está más acotada que ayer. Como fuere, propongo un llamado a un 911 alternativo: Michel de Montaigne, que vivió para ver las matanzas en Francia, fue un eje para no perder la calma, no sentirse derrotados ante una situación adversa y ver el mundo desde otros ángulos y significados. Estamos llamados, diría el filósofo francés, a restablecer la cordura y mantener la normalidad aun en situaciones extremas.
Las ideas de este gran pensador del siglo XVI nos deberían llegar con su impactante vigencia, por ejemplo, el saber que se pueda pasar por una guerra inhumana y seguir siendo humano, o recordarnos que la normalidad tarde o temprano regresa.
Agobiado y en el exilio forzado por la Segunda Guerra Mundial, Stefan Zweig encontró consuelo releyendo los Ensayos de Montaigne, obra que impactó tanto al escritor austriaco que le escribió a un amigo: "La similitud de su época y situación con la nuestra es asombrosa", y en el ensayo que escribió sobre el filósofo francés dice: "Es en esta hermandad de destino cuando Montaigne se convierte en mi hermano indispensable, en mi amigo, mi amparo y mi consuelo".
Entre llamas, estamos llamados a leer a Montaigne, para que a pesar de los actos de intimidación criminal como los del 1o. de mayo en varios estados del país, no sólo busquemos cómo sobrevivir sino como planteó Zweig "¿cómo seguir siendo plenamente humanos?". Entre llamas, estamos llamados a no perder lo humano, o como escribió Sabato: "...nos salvaremos por los afectos", estamos llamados a defendernos a partir de alzar la voz y protestar, sí, pero también a partir de valorar los pequeños actos cotidianos, el café de la mañana, caminar de la mano con la pareja en los Colomos, la mítica torta ahogada o un buen plato de birria, un vaso del olvidado tejuino para el calor de medio día, la puesta de sol en Puerto Vallarta, releer a Arreola o a Yáñez o a Rulfo, escuchar las letras de Tito Guízar en cualquier mariachi, los chacales de Casimiro Castillo, los chilaquiles serranos en Mazamitla o el ponche de granada en Tapalpa, el brindis con tequila entre amigos y equipales, pues al fin, como sentenció el autor de La Resistencia: "El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria".
De París a Tenochtitlan a Guadalajara y otras poblaciones, ardió el mismo fuego de la violencia. El mismo hombre, atemporal de naturaleza al fin, sabrá encontrar camino para ser humano.
lunes, 27 de abril de 2015
La dimensión oculta
A la diestra, el camino se prolonga sin cambios, pero a la izquierda hay una puerta imaginaria, una oquedad rectangular, vestigio de un muro, que uno puede atravesar caminando. Ambas rutas conducen al mismo sitio, la vereda vuelve a unirse metros adelante, ¿cuál camino tomarías? Saqué una fotografía de la disyuntiva y decidí caminar por la izquierda. Luego, mostrando la imagen, pregunté a varias personas; contundentemente decidían atravesar la puerta imaginaria.
Como lo demostró Hall en sus estudios antropológicos del uso del territorio, el espacio y el hombre se moldean mutuamente, se influyen. Esto es un tema mayúsculo en términos de calidad de vida, hoy las grandes ciudades son espacios de grandes dolores y penurias. El hombre se ha preocupado muy poco por normar científicamente las características de su espacio, dejando que sea el crecimiento caótico lo que dicte el tipo de ciudad que habita. En otras palabras, al crear un espacio caótico, el hombre determina qué tipo de organismo será, qué tipo de convivencia tendrá.
Ahora que estamos en medio del bombardeo mediático de cientos de campañas políticas, veo que los mensajes apuntan a la administración de los problemas y, si acaso, a la búsqueda de sus soluciones. Pero en esta vorágine donde el tema es ganar elecciones para consolidar intereses de partido, no veo intención alguna de crear mejores ciudades para vivir. Los periodos de gobierno son tan cortos (eg. el de presidente municipal) que impiden planificar espacios públicos o dar continuidad a los planes de desarrollo. Si a eso sumamos que la mayoría de los políticos no ven esa dimensión oculta, el panorama no es alentador para la vida urbana.
Una notable excepción es lo que está sucediendo en Procdmx, la Agencia de Promoción, Inversión y Desarrollo para la Ciudad de México (aclaro conflicto de interés, soy parte de su Consejo Consultivo Ciudadano), donde se ha logrado conjuntar una visión de múltiples especialistas para regenerar ciertas zonas urbanas, aprovechando su vocación natural, tomando en cuenta los intereses del ciudadano y logrando la participación de la academia y el sector privado. Me parece notable que haya obra urbana que no sólo traerá beneficios científicamente probados a los habitantes, sino que será a través de procesos de licitación transparentes (¡sin contratistas favoritos!) y sin que le cueste a la ciudad.
Particularmente me entusiasma el Corredor Cultural Chapultepec que transformará la avenida que llega hasta este icónico bosque. No me cabe la menor duda que una vez concretado lo que se proyecta, será un punto de interés nacional e internacional, de la misma forma que hoy sucede con el High Line en Nueva York, que pasó de ser una zona deprimida, abandonada a la malvivencia, a ser un espacio vital que revalorizó la propiedad y el sentido de pertenencia. El ordenamiento del espacio (del organismo, diría Hall) genera mejores condiciones de vida, potencializa la capacidad de la zona e invita a vivir y trabajar ahí, crea una densificación inteligente, habitable, disfrutable, y no zonas de tránsito que por las noches se abandonan como ciudades fantasma.
Nuestras ciudades caóticas tienden a ser masculinas, agresivas, con poco espacio verde y mucho concreto. Xcanatún es un espacio femenino. Ahí, la naturaleza es como un gran útero que abraza y cobija, un sitio para comprobar lo que saben los urbanistas y quienes estudian la proxémica, el espacio moldea la conducta.