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domingo, 11 de octubre de 2015

El hombre del Sur

Citó a Ovidio, Perón, Monsiváis, Serrat, agradeció a sus maestros y a sus amigos, movió sus ideas como quien domina la cadencia de un bandoneón en sus manos, dibujó en mi mente la figura de su compatriota, Astor Piazzolla, y nos habló cantadito, con ese sello indeleble de un argentino que celebra 40 años de conferencista en México, pero que vuelve, irremediablemente al sur. Estás son algunas palabras para conocer el pensamiento de David Konzevik.

Principios. Han de distinguirse los intereses de los principios. Con los primeros se negocia, con los segundos, no.

Información. Afirma que no importa en qué negocio estés, siempre estás en el negocio de la información. El mapa de la realidad para tomar decisiones se construye con la información y su buen análisis. Dice "si no tengo información, estoy quebrado", e invita a los empresarios a obtener información relevante no tanto de su competencia sino de su consumidor.

Pregunta. Una de las cuestiones fundamentales de toda empresa es responder: ¿en qué negocio estamos? No puedo estar más de acuerdo, la resignificación de la actividad empresarial debe enfocarse a satisfacer los más altos motivadores de un cliente.

Meritocracia. México se ha convertido en un país de títulos universitarios, debe convertirse en un país meritocrático. Las universidades prometen títulos, deberían de prometer capacidades acordes al futuro.

Democracia. Hace una pregunta fundamental: "¿Es posible una democracia con ignorantes?" y categóricamente responde: no. Reconoce que hay una profunda desilusión en Latinoamérica por la democracia.

Educación. Sentencia Konzevik: "si el gobierno no pone a la educación como la más alta prioridad, no importa lo que haga, habrá perdido el futuro" y sugiere una asignatura toral: enseñar a pensar. Yo apunto: ¿no sería conveniente tener un súper secretario de Educación traído de Finlandia (país de excelencia educativa), asesorado culturalmente por un equipo local, en vez de tener al frente de la SEP a un político?

Memoria. Predice que la memoria será reemplazada por la memoria web. Apunto: como dice Reig, internet se ha vuelto en una memoria transactiva para los humanos. Tendemos a olvidar lo que sabemos que Google nos puede explicar cuando lo queramos.

Populismo. Así como Argentina fue adicta a Perón, México es adicto a los mesiánicos populistas que irresponsablemente pintan promesas incumplibles.

Tiempo. No le queda duda, es el gran producto del futuro. Todo lo que se invente para ahorrar tiempo tendrá éxito.

Cultura. Aunque es economista de formación, su gran sensibilidad y visión de campo le han hecho ver que el factor cultural es determinante para explicar las causas de éxito o fracaso de los países.

Economía. Ante todo, es un arte.

Dogmas. Advierte que hemos de tener cuidado de no perder la carrera entre las ideas y los dogmas, a no educar a los jóvenes mediante dogmas sino con ideas. Con éstas se discute, por aquellos se mata.

Cortoplacismo. El nuevo mundo ha cambiado las exigencias y la dimensión del tiempo. Así como los jóvenes no saben esperar, pues nacieron en la época de la gratificación instantánea, los empresarios tienden a dejarse seducir más por la recuperación de la inversión (pay-back), que por la tasa de retorno.

Expectativas. Su ya clásica teoría de la revolución de las expectativas aterriza mejor que nunca: vivimos la sociedad del descontento.

Esperanza. Así como un dictador es un maestro para administrar el miedo, un estadista debe serlo para administrar la esperanza.

Timing. El tiempo es todo. El momento en que se toman las decisiones es fundamental.

Poder. Por más que se intente predecir el futuro, no hay una forma de saber cómo el poder presidencial transformará a un individuo.

Maestro de la orientación disruptiva, Konzevik nos ha dado un sur, el mismo que evocan las letras de una nostalgia: "Vuelvo al Sur, como se vuelve siempre al amor, vuelvo a vos, con mi deseo, con mi temor. Llevo el Sur, como un destino del corazón, soy del Sur, como los aires del bandoneón".

Sin saberlo, un tucumano convirtió el aire en poesía.

domingo, 4 de octubre de 2015

"Asunto"

Si la tramitología fuera un elemento químico en la tabla periódica, sería volátil y a la vez denso, convertiría lo sencillo en complicado, duplicaría el esfuerzo, reduciría la productividad, atentaría contra la lógica y el sentido común. Todos hemos sido víctimas de trámites absurdos, actividades que tienden a la realización de acciones sin ver el conjunto de lo que impactan. Decía Peter Drucker que ser eficaz es hacer las cosas correctamente, y ser efectivo es hacer la cosa correcta. La tramitología pertenece a ese mundo donde ha de llenarse bien una casilla inútil.

Cada vez que me registro en alguna oficina pública o privada, el equipo de cancerberos (usualmente es más de uno) invita a registrarse en una libreta de pasta dura en la que se han marcado varias columnas. Entregar una identificación no es suficiente, hay que llenar el espacio para el nombre, la fecha y hora, el nombre de la empresa, la persona que se visita (todos estos datos duplicados verbalmente), nombre del departamento del visitado, el número de gafete, la firma, la hora de salida y, dejo la cereza del pastel para el final, la mítica e inquisitiva columna titulada "Asunto". Antes de que Twitter nos diera 140 caracteres para escribir un mensaje, "Asunto" ya nos forzaba a la síntesis más absoluta, una palabra, no hay espacio para más. Cada vez que me enfrento a "Asunto", lo tomo con filosofía, escribo en el pequeño recuadro la palabra "misterioso". Nunca he recibido un extrañamiento.

La tramitología, especialmente la gubernamental, es barroca. Los sistemas de control o solicitudes de información han sido diseñados por expertos en esos temas, no por expertos en personas. Por ello me ha dado mucho gusto conocer la iniciativa gubernamental donde el Presidente ha instruido la formación de una unidad llamada Equipo de Ciencias Sociales y del Comportamiento, que conjuntará a especialistas en entender personas con objeto de servir mejor a la ciudadanía y bajar los costos para el gobierno. ¡Bravo por el Presidente! Bravo por Obama que ha ordenado que el equipo trabaje desde la misma Casa Blanca, bravo por un gobernante que se da cuenta que el gobierno y la burocracia se deben a la gente que les paga su sueldo.

La SBST (Social and Behavioral Science Team) tiene la encomienda de investigar verdades profundas (insights) del comportamiento humano, para sugerir medidas que impacten la forma en cómo se atiende y se sirve al ciudadano. Tienen muy claro que si los sistemas, los trámites, no se diseñan teniendo a la gente en mente, no funcionarán bien. Me parece notable que uno de los países líderes en el mundo consideren a las ciencias sociales y del comportamiento, y no a la economía o finanzas o políticas públicas, como los protagonistas de la iniciativa.

Nuestro sistema de formación de profesionales propicia una deformación de raíz. En los campus universitarios, la facultad de economía y finanzas está separada de la de humanidades. Nos enseñan que son dos mundos, cada uno en su órbita, impenetrables e ininteligibles el uno para el otro. Construir un puente es posible, yo lo he hecho con ayuda del talento de compañeros provenientes de la sociología, antropología, arqueología, psicología, neurociencias, semiótica, entre otras.

Cuando recomendé a una casa de empeño que toda su estrategia comercial, operativa y de comunicación se basara en responder la inédita pregunta "¿Cómo podemos disminuir la culpa de nuestros clientes?" fue porque las ciencias sociales y del comportamiento me dieron la pista para centrar los esfuerzos en la persona, no en la actividad. Como resultado de lo implementado, mejoraron los indicadores de desempeño y el sentido de pertenencia a la empresa.

Encontrar un motivo superior y centrado en el usuario, por el cual hacer funcionar el sistema, es una gran oportunidad para empresas y para el gobierno. El sistema moldea la conducta. Si verdaderamente los políticos quieren servir a la gente, deberían incorporar a los científicos sociales y del comportamiento.

El ser humano, ese misterio legible.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sociedad aumentada

Pronto dejaremos de tomar decisiones estúpidas. Cada vez más personas acuden al juicio de un gran cerebro colectivo. La tecnología está haciendo posible que la inteligencia acumulada se imponga a la individual; lo fascinante es que su gran impacto en nuestra vida no es necesariamente por el aspecto tecnológico, sino por el aspecto social. Las plataformas tecnológicas son valiosas en función de la capacidad que tengan para cohesionar los intereses en beneficio de la tribu, en la medida que sean capaces de crear una sociedad aumentada.

En Los pilares de la pansofía, encuentro un brevísimo texto, "El espejo de la diosa", donde se relata que cierto día, a la diosa Venus se le cayó su espejo de las manos; los fragmentos fueron recogidos por sus ninfas, cada una un pedazo. Con el tiempo y ya en diferente lugar del mundo, cada ninfa se ufanaba de poseer el espejo de la diosa. Un sabio que había interactuado con varias de las ninfas quedó intrigado con la posibilidad de que Venus tuviera tantos espejos. Interrogando a una de ellas comprendió que había nada más un espejo e hizo ver a la ninfa que en realidad no tenía el espejo de la diosa sino un fragmento de éste, y así sus demás compañeras.

Llévese la simpleza de la anécdota a una herramienta como Waze, que hoy en día, a través del teléfono móvil, es consulta obligada por miles de automovilistas que no sólo se enteran cómo están las condiciones de tráfico en la ciudad, también obtienen la recomendación de cuál es la mejor ruta para llegar a su destino. La plataforma se alimenta de esa inteligencia individual de muchos automovilistas que van creando una inteligencia colectiva. Gracias a Waze muchos hemos descubierto rutas inéditas en las ciudades. Nuestro pedazo de espejo se hizo el espejo.

El físico Norman Johnson construyó un modelo teórico a partir de un laberinto que tenía varias rutas de salida. Introdujo varios agentes individuales que empezaron a buscar su propia ruta de salida. Luego reintrodujo estos agentes pero permitiéndoles consultar la información de la primera vez. El resultado fue que cada vez se pudo salir del laberinto en menor tiempo hasta llegar a la solución óptima, producto de la inteligencia colectiva.

Esto me lleva a otras posibilidades. Hay ciertos sistemas donde las decisiones son mediocres, el principio de la inteligencia colectiva potencialmente mejora esas decisiones. Pensemos por ejemplo en nuestro sistema democrático. Actualmente es una acumulación de decisiones (los votos), pero no de inteligencia. Si concedemos que el voto de un individuo que toma una mala decisión vale lo mismo que el que toma una buena decisión, el sistema que apila voluntades potencialmente sabotea al grupo. Si hubiera una forma de tener decisiones democráticas en función de la inteligencia colectiva, tendríamos un sistema político perfeccionado que permitiría escoger sólo a los más aptos para un cargo.

Los modelos de inteligencia colectiva que he puesto como ejemplos implican el reconocimiento de que las mejores decisiones se hacen acumulando las decisiones acertadas de los individuos (meritocracia), no sólo sus decisiones (populismo). Si Waze te ofreciera rutas en función de las más votadas, donde hubiera votantes que ni siquiera saben manejar o conocen la ciudad, difícilmente confiarías en una ruta por popular. Difícilmente arriesgarías tu destino a la estupidez colectiva. Es curioso cómo aceptamos en un sistema democrático la decisión colectiva aunque no sea la mejor decisión para el grupo.

Las candidaturas ciudadanas deberán unirse en una plataforma para que sumen fuerzas y la inteligencia colectiva seleccione un gran candidato ciudadano en el 2018. Esta plataforma deberá tener, como dice Surowiecki en La sabiduría de las multitudes, cuatro condiciones (evalúense con Waze): diversidad de opinión, independencia, conocimiento local y un mecanismo de agregación para que sea cada vez más inteligente.

La integración ciudadana pronto juntará los fragmentos de espejos. Cuando los una, se leerá con orgullo: México.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Reciprocidad perversa

Colin Turnbull, antropólogo, atestiguó en 1957 un hecho notable entre los Mbuti, pigmeos que premiaban el esfuerzo colectivo cazando en grupo. Uno de sus líderes decidió subrepticiamente anteponer su propia red y capturó la presa. La tribu lo enjuició por un acto vil y contrario a sus valores. El delincuente se disculpó y entregó el animal al grupo; se le pidió abandonar la tribu y su nombre quedó deshonrado.


¿Nuestra especie está más orientada al individualismo o a la cooperación social? Aunque muchos científicos favorecen el argumento evolutivo de la selección natural a partir de la competencia y la crueldad, la especie humana no habría podido sobrevivir sin el instinto de cooperación, la reciprocidad social que consigue aliados y hermana objetivos.

Recompensa y castigo son elementos fundamentales en las tribus estables (uso el término para referirme a cualquier grupo humano que vive gregariamente). Para Herbert Gintis, las culturas que establecen mecanismos para recompensar la cooperación y castigar a quienes no cooperaran sobreviven más. Pero el mismo principio funciona para tribus delincuentes. La reciprocidad cohesiona.

En México tenemos un gran ejemplo de reciprocidad: la partidocracia, un sistema de recompensas y castigos. Lamentablemente para el país, la reciprocidad se da entre partidos políticos, no entre estos y la sociedad. Sólo así se explica una realidad que raya en lo kafkiano, aquí se premian los políticos y castigan al ciudadano.

El Partido Verde fue exonerado de sus graves pillerías electorales a pesar de que la ley contempla como castigo la pérdida del registro. Hubo reciprocidad entre quienes dieron el fallo (hoy por ti, mañana por mí). Como premio (reciprocidad) puede entenderse el polémico nombramiento de Arturo Escobar como subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana, cuyo historial lo descalifica ante la sociedad, pero lo califica entre su clan. Ante "la Iglesia en manos de Lutero", hacen bien las agrupaciones civiles en romper el diálogo con un individuo que ha mostrado loable cooperación a su camarilla.

Gran reciprocidad muestran los partidos políticos para pretender recibir más de 10 millones de pesos al día durante el próximo año, cifra escandalosa para un país con tantas carencias. Si la partidocracia quisiera ser recíproca con la sociedad, de donde recibe el dinero, debería reducir considerablemente el monto del financiamiento público. Enorme altruismo tiene la Cámara de Senadores para sus integrantes cuando pretende erogar hasta 1 millón de pesos por el servicio de valet parking, por 6 meses. ¿Por qué no cada senador se paga su propio servicio?

Compárense estas cifras con los 6 rollos de papel de baño y 2 bolsas para basura que recibe al mes el Museo de Paleontología de Guadalajara, situación precaria en la que están tantas escuelas, hospitales, universidades y otras dependencias.

Si del interés de la Nación se trata, vivimos una reciprocidad perversa en la que un grupo se sirve con la cuchara grande y además dicta las reglas en la cocina. Una mayor participación ciudadana mostrando su descontento ante los flagrantes abusos de la partidocracia y los malos gobernantes, un fortalecimiento de las instituciones para operar mecanismos (meritocráticos) que premien la cooperación y castiguen las egolatrías, son ingredientes para evolucionar en un país donde la partidocracia premia y castiga según sus intereses. Así se explican casos como el de Virgilio Andrade y Arturo Escobar. La meritocracia mexicana carbura con impunidad y cinismo, funciona en contra de la mayoría.

La reciprocidad perversa tiene desaparecida a la Patria. Quizá por ello los nuevos diputados (con honrosas excepciones) destinaron buena parte del tiempo que les pagamos a debatir y decretar el "Día nacional de la desaparición forzada". Crear un símbolo de culto hacia un fenómeno lo hace más presente, mejor deberían legislar para castigar la reciprocidad perversa que fomenta las desapariciones.

Una selva en el Congo esconde buenas pistas, los Mbuti saben.
 
 
 
 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Sebastião Salgado

¿Cuánto dolor cabe en un fotógrafo? Hay algo perturbador y bello en el mundo de Sebastião Salgado: es nuestro mundo. Desde hace varios años su capacidad para capturar instantes de personas me ha atraído, con La sal de la tierra, el documental de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado (hijo del fotógrafo), compruebo que la sensibilidad fotográfica excede las funciones de una cámara, es más bien algo cercano al alma, un lente metafísico cuyo producto, la imagen fotografiada, amplía nuestra noción de lo otro, a veces con belleza sublime, a veces con crudeza, siempre con profundidad para el ojo reflexivo.

Amo y señor del blanco y negro, se adueña también de sus matices. Entre planos de luz y sombra la obra de Salgado prescinde del color, acaso para contrastar mejor la realidad, ese instante irrepetible que él congela para que nosotros nos adentremos tanto como la espesura del negro, de la misma forma que cientos de miles de obreros semejan un inmenso hormiguero en la mina de Sierra Pelada, oquedad en la que rítmicamente una marabunta sube y baja, hasta 50 veces diarias, en búsqueda de oro. Con brutal sensibilidad el fotógrafo apunta que, al ver aquella mina, le pareció ver en un segundo toda la historia de la humanidad. No sólo la explotación del hombre por el hombre, también la esclavitud que produce la ambición.

En Sobre la fotografía, Susan Sontag, sin mencionar a Salgado, descifra las claves del trabajo del brasileño: "Algo feo o grotesco puede ser conmovedor porque la atención del fotógrafo lo ha dignificado. Algo bello puede ser objeto de sentimientos tristes porque ha envejecido, o decaído o ya no existe". Recientemente hemos visto imágenes muy duras de la migración siria a Europa. Con la misma crudeza, las fotos de Salgado sobre migración falsamente congelan la acción. Hay algo que se mueve en ellas a pesar de que el sujeto, un esquelético hombre agonizante, esté ahí, inmóvil, con los ojos sumidos por el hambre, la sed y la desesperanza. Salgado es el testigo de nuestra especie, también de su crueldad. Mucho tiempo después de la muerte de ese hombre, sigue vivo en una imagen y en el recuerdo de aquellos que le observaron.

Fotógrafo de Saraguros, Mixes, Tarahumaras, Tutsis, Hutus, decenas de tribus amazónicas y más, viajero incansable por el planeta, Salgado hace más que presionar un obturador, cohabita la escena, se integra a la belleza de un rostro ajado o al drama donde hablan los machetes, da fe de aquello que no vemos en vivo pero existe, aquello que él pretende duplicar para llevarnos su representación a través de sus ojos, con una profundidad que a veces provoca una exclamación, a veces un silencio con el que comprendemos cientos de palabras sin pronunciarlas.

El documental es una semblanza de la vida de alguien que ha visitado el corazón de la oscuridad, sitio del que no ha salido ileso. Salgado ha llegado a decir que "somos un animal terrible". Después de cohabitar los infiernos de las migraciones, campamentos de refugiados, genocidios, llegó a perder la fe en la especie humana; varias veces dejó su cámara a un lado para poder llorar, y se enfermó, contagiado más allá del cólera y del odio que le acechaban, se enfermó del alma, como él confiesa. Por sanidad mental, especulo, se alejó del drama humano y se concentró en la tierra.

Desde su Instituto Terra ha renovado un ecosistema plantando millones de árboles donde la mano del hombre había erosionado las parcelas de su abuelo. En su magna obra Génesis, plasma ocho años de viajes alrededor de desiertos, montañas, océanos, parajes en los que ha capturado, siempre fiel al blanco y negro, el lado luminoso del mundo.

Verlo acariciar el tronco de un árbol joven, como si fuera su nieto, verlo caminar entre la selva, bordón en mano, semeja un Gandalf de la vida real, un viejo sabio y sensible para quien nosotros, la sal de la tierra, tenemos el deber de regenerar lo que echamos a perder.

¿Cuánto dolor cabe en un fotógrafo? En el caso de Sebastião Salgado, una cantidad muy menor a la esperanza.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Claroscuros

Escribo desde una ex hacienda. Su patio central reconcilia la naturaleza con la casa (¿cuándo, en aras de la modernidad, perdimos el rumbo del patio interior?). El concierto es espectacular, dentro del follaje de los ficus los cenzontles anuncian al sol, y una barranca imponente deja ver en lejanías planos de grises y azules entre montañas y nubes bajas. Un sabio amigo en la banca contigua del corredor evoca a Nezahualcóyotl: "Amo el canto del cenzontle,/ pájaro de cuatrocientas voces./ Amo el color del jade/ y el enervante perfume de las flores,/ pero más amo a mi hermano: el hombre". La inspiración prehispánica la tenemos muy cerca y a la vez distante. Toma un billete de cien pesos y descúbrelo.

La ciudad nos ha deshumanizado. Las avenidas y vías rápidas (es un decir) hechas para los automóviles dividen más que zonas, dividen la vida del ser humano. En lugar de aves suenan los motores, los trayectos agotan, entubamos los ríos, secamos los lagos, el tiempo nunca alcanza, las casas se blindan, hay bardas altas, alarmas y candados, las puertas permanentemente cerradas. Lejos estamos, además, de tener un gobernante poeta, un líder que convierta las notas de un pájaro en filosofía o en arte.

Guatemala brilla. Otto Pérez Molina, Presidente del país vecino, renunció luego de que un juez girara una orden de arresto en su contra, acusado de corrupción y asociación ilícita, "cohecho pasivo y caso especial de defraudación aduanera". Apalancados por la fuerza independiente de un organismo internacional y el empuje de la sociedad civil, los guatemaltecos son hoy ejemplo para México. Las palabras del ahora ex Presidente iluminan: "Pude haber salido del país, pude haber pedido asilo político pero elegí el camino de cualquier hombre que quiere hacer algo bueno por el país. Tuve miles de herramientas a la mano, entre ellas expulsar a la Cicig (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala) y preferí enfrentar las cosas con valentía, con honor y con dignidad, como considero deberíamos hacer los guatemaltecos".

El día del informe ensombrece. Desde Palacio Nacional el presidente Peña da su tercer informe. Entre los invitados especiales están figuras controversiales, como el dueño de Grupo Higa, quien ha estado en medio de la polémica por los escándalos de las casas adquiridas, en condiciones preferenciales, por la esposa del Presidente y el secretario de Hacienda, asunto agravado ante la previsible exoneración (por conflicto de interés) a manos del subordinado presidencial, Virgilio Andrade. No deja de haber cierta justicia poética que el mismo día se anunciara el Premio Nacional de Periodismo a Carmen Aristegui, por los reportajes de las casas aludidas.

La playa, casi el paraíso. Millones de personas se acercan al mar todos los días. Caminar en la arena es un deleite mientras vemos nuestras huellas efímeras ser borradas por las olas, ese vaivén incansable y rítmico con el que el mar se nos aproxima, a veces con la sutileza de un murmullo, a veces con la furia desatada de la naturaleza que tanto se parece al ser humano cuando explota. No es casual que en la playa idealizamos las vacaciones, el retiro, el atardecer dorado y las bodas de ensueño.

La playa mediterránea, tumba y tragedia. Un niño sirio de tres años yace boca abajo en la arena, su cuerpo inerte conmueve al mundo. El viaje frustrado a Kos, el escape de una guerra absurda, los migrantes rogando por un asilo que no llega, la embarcación que zozobra ante el oleaje salvaje, el padre que ve a sus dos pequeños hijos escurrírsele de entre sus manos, su mujer también ahogada, él sobrevive para gritar un dolor que también debe ser nuestro, el drama de la migración con rostro universal, la humanidad que se ahoga en un mar insensible, la vida que se extingue porque ha de triunfar la xenofobia y el Producto Interno Bruto. El Rey Poeta lo predijo: "Como una pintura nos iremos borrando,/ como una flor/ hemos de secarnos/ sobre la tierra,/ cual ropaje de plumas/ del quetzal, del zacuán,/ del azulejo, iremos pereciendo".

lunes, 31 de agosto de 2015

Una casa y tres puertas

Primera puerta. Julio Cortázar hubiera cumplido 101 años esta semana. En Casa tomada, narra la repentina irrupción de una presencia invasora en la vida rutinaria de dos hermanos, que sienten amenazado su espacio cercano al ver que lo cotidiano se vuelve pesadilla y terminan abandonando la casa de sus recuerdos. Es inevitable llevar la narrativa fantástica del autor de Rayuela a otros niveles y vernos reflejados en la historia. México, nuestra casa, tomada por "masiosare" ese extraño enemigo con rostro de delincuencia, exoneraciones de escándalo, corrupción e impunidad que nos ha ido replegando en nuestra propia morada.

Segunda puerta. La casa es el espacio donde se manifiestan rasgos distintivos de nuestro código cultural. Cuando uno habita casas fuera de México, el contraste dibuja ausencias notables. Una casa californiana promedio, por ejemplo, carece de ese espacio vitalísimo en las casas mexicanas: el baño de visitas. La omisión se justifica plenamente, ¿por qué tener un baño de visitas si las visitas no son parte de la cultura norteamericana? Por las mismas razones que nosotros no tenemos un baño para osos, ellos no tienen baño de visitas. Nuestro carácter social ha hecho que planeemos los espacios en función de ese día en que recibimos invitados. Ellos, nuestros visitantes, toman la casa desde el momento de los planos y posteriormente en el día a día. El flujo interior y la forma de vivir la casa, incluso hasta las recámaras, se piensa para cuando haya visitas. El gringo apertrecha su casa, el mexicano la entrega.

En un estudio para la industria inmobiliaria, hubo hallazgos notables alrededor de la casa y la compra venta. Las propiedades vacías son más difíciles de vender que las (bien) amuebladas. Un cliente, ajeno a la posibilidad de visualizar espacios y transformaciones, requiere de una escenografía para proyectarse ahí. La especialidad tiene un nombre "home staging", un proceso donde una casa no se decora, se edita bajo ciertos principios que hacen deseable el espacio. Por ejemplo, el desorden y la mugre ahuyentan la venta. El subconsciente capta mensajes de peligro y potenciales enemigos, especialmente si hay niños de por medio. Usar elementos pares para mostrar simetría ayuda a transmitir armonía en el ambiente. Los olores desagradables o de mascotas harán muy poco en favor de la venta. Los clósets deberían estar abiertos para mostrar un orden como si se anunciara una empresa que los fabrica. La cocina es la nueva sala, debe congregar a familia y amigos.

El asesor inmobiliario usualmente muestra la casa como está, vacía o habitada, sin preocuparse por entender de qué manera el contexto afecta la decisión de compra de su cliente potencial. En Estados Unidos las casas en venta se muestran durante el "open house", un día planeado en que la casa abre sus puertas. Sus habitantes se van durante la jornada y el vendedor se encarga de mostrarla. Esto evita la molesta invasión en horas impropias y permite que el contexto y el arreglo de la casa favorezcan la venta. Nuestra falta de protocolo en México hace posible que los compradores potenciales lleguen cualquier día y casi en cualquier momento.

Tercera puerta. Si vemos a México como nuestra gran casa, extrapolemos los puntos del "home staging". Hoy nos duele el cochinero, por más blanca que sea la casa, la mancha de la corrupción y el conflicto de intereses ahuyentan a los visitantes: turistas e inversionistas, el hedor de la impunidad escapa por las ventanas. No vamos a recibir los turistas que queremos mientras la casa esté desordenada. Buen reto tiene el nuevo secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, para atraer visitantes en estas condiciones, su designación, por su sensibilidad, es una buena noticia para el turismo mexicano.

Si la ficción existe para arreglar la realidad, algo habremos de hacer para no rendir la casa como en el cuento de Cortázar, para no terminar en la calle como Irene y su hermano. De no ser así, el último en salir arrojará la llave a la alcantarilla.