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lunes, 26 de junio de 2017

Abajo el Gran Hermano

Mucho se ha escrito sobre el espionaje de Estado que durante la semana cimbró a la opinión pública. Hace poco escribí ("Postprivacidad", Reforma, 21-05-17) que vivimos en una era donde estamos dejando un rastro digital, en la que nuestra vida privada está al alcance de los analistas de la gran información, el Big Data. No es que nos espíen sino que nuestra cotidianidad es reportable vía el teléfono inteligente, una invención que ha impactado la vida contemporánea y que será vista con el paso del tiempo como lo fue el fuego, la rueda y el automóvil.

La facilidad tecnológica tiene también su lado vulnerable, más cuando se es blanco de espionaje altamente sofisticado. Mi interés hoy es explorar qué motiva la conducta humana para espiar.

El miedo ha sido uno de los grandes motivadores del ser humano. Así como en el argot policiaco se dice "sigue el dinero", yo digo "sigue el miedo". Mi hipótesis es que el miedo es el motivador del gobierno. No está mal que un gobierno tenga miedo, pero de los naturales enemigos del Estado, terroristas, bandas del crimen organizado. Si se ha decidido espiar a activistas sociales que buscan un mejor país, periodistas promotores de la transparencia, investigadores que sacan a la luz información incómoda para el gobierno, la pregunta obligada es ¿por qué el gobierno mexicano le tiene miedo a un grupo de ciudadanos que no son enemigos del Estado? Lo voy a responder así: si yo fuera un ladrón y entro a una tienda de autoservicio para robar, estaría muy interesado en bloquear las cámaras de seguridad y las pantallas que me exponen ante los demás. La verdad y la transparencia pueden ser enemigos del gobierno, no deberían serlo del Estado.

"Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza en nuestros políticos e instituciones". Son palabras que parecen encajar en la realidad nacional. Las dijo el eminente Zygmunt Bauman, recientemente fallecido, quien a sus 86 años conservaba una lucidez envidiable para señalar que ante el cortoplacismo y el ataque de lo efímero "nuestra única certeza es la incertidumbre". Para el sociólogo polaco hay dos valores indispensables para el florecimiento de la vida humana: seguridad y libertad, pero apuntó la paradoja: a mayor libertad, menor seguridad, a menor libertad, mayor seguridad.

Los mexicanos hemos ampliado nuestro rango de libertad respecto del siglo pasado. El régimen autoritario, la "dictadura perfecta", fue cediendo espacios de control ante presiones cada vez más fuertes. Esta libertad no ha venido acompañada de un fortalecimiento institucional sino de una multiplicación de caudillos donde el gobierno tiene menos control que antes, lo que explica nuestra libertad y, diría Bauman, nuestra falta de seguridad. ¿Qué tanto de tu actual libertad sacrificarías en favor de tu seguridad y la de tu familia? La respuesta no es fácil, he ahí el conflicto que nos dejó el autor de Miedo líquido: La sociedad contemporánea y sus temores.

Es inevitable pensar en la Policía del Pensamiento de la multicitada novela de George Orwell, 1984, donde Winston Smith, el protagonista que persigue permanecer humano ante lo inhumano del control estatal, comete el peor de los crímenes: piensa contrario al Estado totalitario y lo manifiesta escribiendo repetidas veces en su diario: "Abajo el Gran Hermano". Los periodistas aludidos en el caso del espionaje con el sofisticado sistema israelí Pegasus nos recuerdan a Winston, su "crimen" ha sido el peor de todos, el del pensamiento, han denunciado, han sacado a la luz información que no le conviene al gobierno, han promovido iniciativas tan saludables para la transparencia y la rendición de cuentas como la Ley 3 de 3, son figuras incómodas para quienes quieren mantener en lo oscuro su paso por la política mexicana.

El hombre de la cueva necesitaba espiar a sus vecinos. Necesitaba la certeza de que al salir a cazar, los suyos quedarían a salvo, que el cavernícola de al lado no se comería a su esposa y a sus hijos. Tenía miedo a los depredadores y a los fenómenos naturales. Este miedo e incertidumbre siguen con nosotros y hacen las palabras de Bauman cada vez más sonoras: "el único largo plazo es uno mismo".

domingo, 18 de junio de 2017

Caudal


¿Quién puede oponerse al flujo del agua? Más allá de su fórmula química, el agua tiene la obstinación del tiempo. Como voluntad de mujer, rompe piedras y se abre paso en los espacios menos creíbles. Al regresar por donde alguna vez anduvo, tiene mejor memoria que el hombre. Monterrey lo sabe. El 30 de Junio de 2010 el huracán Alex devastó buena parte de la zona metropolitana, arrastró vidas, caminos y sueños. Al menos por un tiempo.

 

Florencia Infante viuda de Garza habla con la pasión de un caudal que ha encontrado su paso, mejor dicho, que ha abierto un cauce donde no lo había. Recorro con ella un tramo del borde del Rio la Silla, el único río vivo en la zona metropolitana de la sultana del norte, en el municipio de Guadalupe. El calor es intenso pero reconforta escuchar la algarabía de los pericos y algunas palomas entre enormes sabinos y ahuhuetes cuyos troncos espejean en el agua, milagrosamente cristalina, de un río que avanza a contrasol. Por mediode su fundación UNAC (Unidos por el arte contra el cancer infantil), Florencia, nacida en Bogotá y casada con un regiomontano, le había echado el ojo al Parque Pipo” como se le conoce coloquialmente al sitio, para poner un pabellón de la salud que sirviera para hacer conciencia entre la población infantil y sus padres sobre cuestiones preventivas. En eso se atravesó Alex.

 

La zona quedó destruida. Cuando las autoridades se preparaban para talar los troncos de los arboles mutilados, y seguramente enterrar esta pequeña pero significativa zona de biodiversidad, casi inimaginable en Monterrey, intervinó otra fuerza natural, la voluntad de una mujer para quien la palabra imposible tiene nueve letras y muchas fisuras. Florencia orquestó el concurso de varias entidades gubernamentales, iniciativa privada y diversos especialistas para rescatar el área. Hoy en día es uno de los orgullos para el municipio de Guadalupe, como lo pude sentir con la compañía  de la Secretaria de Desarrollo Social, Alejandra Lara, y el Secretario de Desarrollo Económico, Jorge Stahl.

 

Hay tragedias que inspiran. El borde del río tiene un original Corredor del Arte, en el que las obras surgen delos troncos secos de los arboles que destrozó Alex. Se trata de esculturas en madera, imaginadas por Florencia y cristalizadas por los escultores Juany Nicanor, Magdiel Martinez y Antonio Aguirre, más algunos alumnos de la UANL. La idea no sólo es original, es una ilustrativa metáfora de que existe la renovación después de un trance. Cada escultura representa un valor social. El camino evoca un momento de paz y contemplación que nunca imaginé para la industriosa y pujante ciudad del norte de México.

 

Las zonas aledañas a este parque son marginadas y con problemas sociales serios, inseguridad, frágil tejido social, gran vulnerabilidad ante problemas de salud. Al lado hay un cementerio donde, me dice Florencia, viven niños. Se pretende que a través de la convivencia con la naturaleza y mensajes preventivos, se pueda revertir el deterioro social y la degradación urbana.

 

En el Pabellón de Salud, una construcción al final del parque, un juego digital enseña a los niños cómo es la quimioterapia con objeto de que su actitud mental ante el proceso de combate a la enfermedad sea más positivo. Imaginé un juego similar pero contra la corrupción. Otras estaciones aleccionan para un estilo de vida saludable. Hace unos días el Pabellón fue recorrido por el Secretario de Salud, Dr. José Narro, quien ojalá apoye la réplica de este tipo de iniciativas en todo el país.

 

Para Florencia, la filantropía esta ligada a su etimología: amor a la humanidad,  Tenemos que aprender a ver el rostro del otro, dice con la convicción de quien sabe que su vocación va mas allá del costo-beneficio y del ganar-ganar, es amar-amar. No deja de llamarme la atención que habla de aridez humana y de cáncer social, y este parque que ha impulsado ha reverdecido la zona y está ayudando a curar niños. En la mente de esta mujer colombiana viene un laberinto para el parque, una encrucijada hecha con paisajismo que fomentará la resolución de problemas entre los niños. Lo suyo, me queda claro, es dejar un mundo mejor. Estoy seguro que lo logrará

 

Nada se interpone al brioso paso del agua.  

 

domingo, 11 de junio de 2017

El fin sobre el medio

Jorge Ibargüengoitia escribió con ironía ante el teatro electoral del sistema político mexicano en los setentas: "El domingo son las elecciones, ¡qué emocionante!, ¿quién ganará?". Ni duda hay que vivimos otros tiempos. La certeza electoral se ha diluido, pronosticar resultados resulta cada vez más complejo. El monopolio partidista se convirtió en oligarquía y nuestra incipiente democracia ha llegado al punto de requerir el aire renovador de la segunda vuelta que permita condiciones para un mejor gobierno.

Los mexicanos tenemos sentimientos encontrados con la capacidad de elegir gobernantes. La democracia es la elección de la mayoría; sería mucho mejor pensar en la buena elección de la mayoría, pues hasta ahora ha sido la mala elección de muchos. No todos los votantes tienen capacidad para tomar una buena decisión y no todos los votados son capaces. Estamos tan obsesionados con tener democracia que se nos olvida el fin: tener un buen gobierno. Si nos dieran a escoger entre tener un régimen democrático o tener un buen gobierno (y sólo puedes escoger uno), ¿qué escogerías?

Yo no tengo conflicto en preferir el fin sobre el medio. Entiendo que no todos piensan igual, que cuestionar la democracia equivaldría a decir en la Edad Media que la Tierra pudiera no ser plana o, en un alarde de sabiduría, afirmar que es redonda. El dilema es que el régimen democrático parece ser el menos malo de los sistemas políticos; no tenemos certeza sobre la eficacia de otro tipo de método para obtener un buen gobierno. Una variante democrática sería fortalecer el sistema de elección discriminando la elegibilidad de votar y ser votado. El mismo autor de Instrucciones para vivir en México apuntaba: "¿Quién está capacitado?... Para ser elector se necesita criterio... es necesario pasar un examen de civismo". Y días después añadía: "He llegado a la conclusión de que saber civismo no es criterio, por la sencilla razón de que el problema no es de conocimiento, sino de conducta".

El pasado (la conducta comprobable) de las personas, electores y candidatos debería alentar a tener una mejor elección, pero sobre todo un mejor gobierno.

Deberíamos no sólo cuestionarnos cómo tener un mejor sistema electoral sino cómo tener un buen gobierno. Una pista puede hallarse en una pintura de hace 678 años. En el Palazzo Pubblico de Siena, Ambrogio Lorenzetti plasmó en los muros de la Sala dei Nove la Alegoría del Buen y Mal Gobierno, justo donde el cuerpo colegiado de la entonces República de Siena tomaba las decisiones, con la intención de influir en los gobernantes.

En el muro alusivo al Buen Gobierno, Lorenzetti personificó las virtudes y objetivos que deberían regir las prioridades y la ética de los gobernantes. Arriba, la Sabiduría sostiene la báscula de la Justicia, desde cuyas balanzas descienden cuerdas (una forma de transmitir la misión) hacia Concordia y Armonía, y de ahí a 24 hombres, los gobernantes de la ciudad, que a su vez la llevan al Bien Común, coronado por Fe, Esperanza y Caridad, y flanqueado por Templanza, Justicia, Prudencia y Fortaleza. (Experimento: pregúntale a tus hijos, a tus amigos, la definición de estos conceptos. Una cultura que desconoce los significados en temas sustantivos ha perdido el rumbo).

En el fresco opuesto, que retrata al Mal Gobierno, destaca, entronado y bizco, el Tirano con cuernos. Arriba de él están Envidia, Orgullo y Vanagloria, y a sus pies vemos personajes como Crueldad, Engaño, Fraude, Furia, División y Guerra. Detrás de todos ellos la degradación, una ciudad en ruinas que no florece, los comercios cerrados, las calles que hablan de conflictos (cualquier parecido con el Gobierno de Venezuela, que alaba a Morena, es una coincidencia) y hasta abajo, sometida y derrotada, la Justicia.

No necesitamos a Lorenzetti para saber qué alegoría refleja la condición de México. El cambio hacia un Buen Gobierno difícilmente vendrá de un individuo, así haya sido elegido por la buena decisión de la mayoría. No se trata de un cambio de líder nada más sino un cambio de sistema social y político (es decir nuestro sistema cultural). Las pistas de ese cambio están en la formación de mejores ciudadanos. El plan de estudios se dibuja en los frescos de un palacio medieval.

Vientos de cambio

Parecía un noticia tan exótica que había que leerla de nuevo: "Bajarán hasta 69% recursos a partidos" (Mural, 2 de junio), "Recortan en Jalisco recursos a partidos" (Reforma, 2 de junio). Las buenas noticias originadas por la política mexicana retan nuestra reserva de optimismo: nada puede ser tan bueno como para ser cierto. Pero ahí estaba, una perla brillando en medio de la mezquindad, una proeza surgida desde la locuacidad de un diputado independiente que al grito de #SinVotoNoHayDinero germinó, por fin, en terreno fértil con el apoyo mayoritario del Congreso de Jalisco y que habrá de pasar a la historia como un día en que lo improbable sucedió: los muros sí pueden caer.

El financiamiento para los partidos políticos se reducirá entre 48 y 69 por ciento, según sea año electoral o no, y si bien no se cristalizó en su totalidad la iniciativa de Pedro Kumamoto, habrá, para años electorales, una indexación al número de votos válidos obtenidos en la elección a diputados (empezando en el 2018). Más allá de los cientos de millones de pesos que Jalisco se ahorrará y podrá destinar a áreas prioritarias como seguridad pública, salud, infraestructura, educación, desarrollo social, simbólicamente este logro representa, para la República, ver de nuevo el rostro de la esperanza, nos devuelve de golpe la capacidad de creer y crear.

Los cambios en México son posibles pero requieren el empuje de un evento inercial para provocar lo que he llamado metáforas de cambio posible, pequeñas o grandes acciones donde un mexicano ve y experimenta el cambio positivo, un acto de contagio social que empieza como algo aislado hasta convertirse en tendencia. Quizá la primera ley del cambio es creer que el cambio es posible. De ese tamaño es el muro que acaba de caer en Jalisco. Esa caída provoca vientos de cambio. Esperemos que más congresos estatales tengan la estatura que reclama el país.

Desde la tribuna del Congreso un rebosante Pedro Kumamoto habló de "esta enorme victoria" y con la humildad que le caracteriza confesó: "puedo jurar que me siento en algunos momentos que estoy soñando" y luego agradeció a todas las fracciones partidistas, al gobernador Aristóteles Sandoval y al presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, sin cuyos apoyos no se habría conseguido lo alcanzado. También agradeció a los ciudadanos que empujaron la iniciativa; una alusión anclada en la forma de ver la política de este joven jalisciense quien desde su campaña le decía a la gente "quiero que tú también seas político", exhortación a ver que la participación ciudadana debe ir más allá del día de las elecciones.

"Nunca más palabras bonitas sin hechos congruentes, nunca más la política sin las personas", decía "Kuma", como le dicen sus amigos, y al escucharle con esa retórica plagada de amaneceres, me transporté al siglo XIX y me imaginé a Kumamoto vestido a la usanza de aquellos tiempos y retratado entre los grandes como Mariano Otero, por supuesto no porque piense que escuchaba conceptos pasados de moda sino porque la deuda de la clase política con los ciudadanos en México viene de siglos y porque los políticos generosos, de estatura moral, generadores de cambios positivos, no han sido la regla sino la excepción.

Me contó Pedro las incidencias de los últimos días, de los jaloneos entre las redes sociales y las juntas de coordinación política. Este espacio es insuficiente para narrar lo que debería contarse con una serie al estilo House of Cards.

Un comercial de las computadoras de la marca de la manzana viene a cuento, y dice: "Esto es para los locos. Los inadaptados. Los rebeldes. Los alborotadores. Las piezas redondas en los agujeros cuadrados. Los que ven las cosas de forma diferente. No les gustan las reglas y no respetan el status quo. Puedes citarlos, estar en desacuerdo con ellos, glorificarlos o vilipendiarlos. Pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos; porque cambian las cosas, empujan a la raza humana hacia adelante. Y mientras algunos pueden verlos como los locos, nosotros vemos al genio. Porque las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo, son las que lo hacen".

El loco es lo suficientemente audaz como para creer en la esperanza. Necesitamos más de esa locura.

martes, 30 de mayo de 2017

¿Cuál es la misión?

Cuando las marcas y las empresas que las abanderan subordinan su accionar a un propósito superior por el cual sus clientes deciden comprarlas, buena parte de su ecosistema se ordena en función de una gran misión relevante. Cuando se pierde de vista este motivo de ser, las marcas abren un frente vulnerable a la competencia. Lo mismo sucede con la política. Los candidatos, los partidos, los gobernantes que pierden de vista la misión, caen en descrédito.

Definir la misión empresarial, de un gobierno o de una campaña política no es tan sencillo como parece. Siempre hay espacio para innovar desde la propia definición de la misión. Con frecuencia la tarea principal a cumplir dista mucho de ser la que el ciudadano (cliente en el mundo empresarial) valora.

Supongamos que en una ferretería pides un taladro, una broca y unos taquetes. El empleado, sensible a tu propósito, te sorprende: "¿no quiere mejor esta bolsa con agujeros?". O pensemos en una compañía de máquinas para podar pasto. Deciden innovar respondiendo a la pregunta ¿cuál es la misión? Si durante años han respondido "fabricar las mejores máquinas para podar pasto", han creado un dique mental que difícilmente les llevará a lograr una innovación contundente. Supongamos que alguien ajusta la misión: "lograr jardines bellos al menor esfuerzo". Luego uno de sus ingenieros desarrolla una semilla de césped que una vez que tiene determinada altura, ya no crece, no hay necesidad de podarlo. ¿Cuántos clientes decidirían por esta solución en vez de la tradicional máquina podadora? Una vez le dije a un amigo, tu misión no es llevar a tus hijos de vacaciones, es construirles buenos recuerdos para el futuro. El propósito inspira las acciones.

Entregar una solución relevante debería estar en la mira de empresas y gobiernos, especialmente de estos últimos que se pierden en un mar burocrático donde es más importante hacer las cosas correctamente que hacer la cosa correcta. El descrédito que vive la clase política se debe a que están muy ocupados haciendo cosas que no inciden en la misión de gobernar: proteger la integridad física y patrimonial de los ciudadanos, y de ahí las subsecuentes: promover el desarrollo económico y social, construir un Estado de Derecho, dar confianza y certidumbre de futuro a los diferentes agentes, etcétera.

Como en una empresa, cuando el director no atina a definir y dirigir el rumbo, debe ser relevado. Sus méritos no son suficientes o adecuados para la misión. Lo mismo debería ocurrir con el gobierno. Aquí es donde el país tiene un enorme reto. No es tanto entrar a un sistema meritocrático sino recalibrar los méritos en función de la misión. Hay muchos gobernantes y políticos que ostentan una posición por el mérito de ser compadre, socio o cómplice de aquel que los designó. El sistema político y social (cultural) mexicano sí es meritocrático, pero no por los méritos que nos convienen a futuro. Si impera desde niños el concepto cultural de "el que no es transa, no avanza", el mérito es cometer la transa para avanzar.

Un sistema meritocrático debería llevarnos a reflexionar qué es más importante, ¿el modelo de gobierno o el resultado esperado de ese gobierno? ¿Preferimos el pasto que no crece o la máquina de podar? La meritocracia tiene un enemigo natural, la improvisación. Nuestra democracia es vulnerable porque permite a los improvisados llegar al poder y porque idealizamos "el poder de todos" en vez de "el poder para todos", de modo que una democracia calificada debería permitir sólo a ciertos poseedores de los méritos adecuados llegar al poder. Esto tiene un nombre que asusta: aristocracia, el gobierno de los mejores. Yo prefiero una aristocracia que un sistema democrático donde llegan los peores.

Tener en mente cuál es la misión debe llevarnos a definir cuáles son los méritos. Mientras sigamos creyendo que los méritos para gobernar son los votos originados por una inmensa mayoría que, a su vez no tiene méritos para decidir qué es lo mejor, será difícil tener un renovado perfil político. El asunto es delicado porque toda meritocracia es discriminatoria (lo mismo sucede con la naturaleza). Ni caben todos, ni todos son aptos. Pero todos pueden beneficiarse.

A todo taladro le llega su bolsa de agujeros.

lunes, 22 de mayo de 2017

Postprivacidad

Eres millones de células, también de datos. El despertador de tu teléfono suena a las 6 am, haces ejercicio (estrenas tu nueva app), luego sales de casa a las 7:45, llegas a trabajar a las 9, usaste una aplicación de navegación para llegar rápido, claro. Por la tarde vas al supermercado, revisas tus redes sociales, un me-gusta por aquí, un me-gusta por allá, subes una foto, haces un comentario aprobando algo, en otro desapruebas aquello, antes de dormir compras ropa por internet y el sueño te vence en cierta serie de la web. Ha sido un día normal, uno de tantos en que cada actividad tuya ha sido registrada en una base de datos.

Estamos dejando una huella digital con la tecnología en línea que interactuamos. Se sabe a qué hora te levantas, de dónde a dónde te mueves, a qué velocidad, con qué frecuencia, incluso tu ritmo cardiaco, presión arterial, qué aficiones tienes, qué tipo de amigos te agradan, qué opinas de ciertos temas, qué talla eres, tu número de tarjeta de crédito, tus expresiones favoritas, los sitios web que frecuentas y lo más sorprendente, tu perfil psicológico. Bienvenido a la postprivacidad.

El sistema de predicción del clima cada vez es más exacto, ha acumulado millones de datos y ha establecido correlaciones de modo que ante ciertas condiciones la predicción es certera. Lo mismo sucede con lo que hacemos, nuestra conducta no es aleatoria. Big Data es una gigantesca base de datos que se alimenta día tras día de microdatos. Hay compañías que están haciendo análisis de la información para determinar patrones de conducta. Un sistema correlaciona nuestros datos demográficos con un perfil psicográfico (actitudinal). El algoritmo es implacable: con 10 de tus me-gusta te predice mejor que tus compañeros de trabajo. Con 100 me-gusta, mejor que tus amigos cercanos y tu familia. A partir de 250, supera a tu pareja. Pronto dejarás de preguntar "quiero ir a Europa, ¿qué me recomiendas?" para decir "este soy yo, ¿a dónde me gustará ir?".

El genio Asimov lo vio venir. Su concepto de psicohistoria esbozó una mezcla entre historia, psicología y estadística matemática para predecir el comportamiento del Imperio Galáctico. Esa era ya está aquí, y no sólo predice, también induce. A través de inofensivas invitaciones a realizar una prueba como "¿qué famoso serías?" se obtiene tu perfil actitudinal "ocean" (acrónimo de openness, conscientiousness, extraversion, agreeableness y neuroticism) que alimenta un algoritmo, de modo que cuando hay un cierto patrón de regularidades, tus preferencias son predecibles. Tu información te hace vulnerable a cierto tipo de mensajes cuyo contenido será de tu gusto. Así ganaron el Brexit y Trump; los potenciales electores recibieron mensajes microsegmentados de aquello que más los influía para votar (o para no votar, en el caso de quienes estaban a favor del oponente).

Big Data es una gran amenaza si se usa para manipular, y una formidable herramienta para encontrar soluciones. El personaje de Dr. House es un médico muy respetado, encuentra respuestas a conjeturas clínicas donde sus colegas han renunciado. House correlaciona los datos más increíbles. Puede entrometerse en tu baño en búsqueda de una sustancia improbable que desencadene una causa y un remedio. Así funciona Big Data. Los pronósticos médicos del futuro apuntan a ser más certeros gracias a esta correlación de síntomas, recetas, enfermedades, reacciones secundarias, etcétera, de millones de casos, pero que un humano no había correlacionado.

La privacidad es una frontera rendida al dataísmo, esa tendencia que convierte todo en datos para luego extraer lo valioso, como en una enorme mina. Ante esta previsible desnudez, la defensa deberá ser, más que oponernos a la tendencia y cubrir nuestra privacidad, buscar cómo nos adaptamos a la postprivacidad creando leyes que orienten este gran poder para mejorar nuestra convivencia y las condiciones de vida de la humanidad. Un mundo predecible es un mundo fatal, ausente de la esencia de los fenómenos humanos donde lo singular, lo improbable, lo súbito, nos recuerdan que somos más que un algoritmo.

Mientras ese futuro nos alcanza, celebremos la algorítmica certeza de nuestro encuentro. Algún sistema, conociéndote, conociéndome, lo predijo.


domingo, 14 de mayo de 2017

De París a Chocholá

Si me dieran a escoger entre un viaje al futuro o uno al pasado, mi decisión no tiene fisuras. Alguna vez me dijeron que era un espíritu antiguo, me llaman los vestigios, elementos que asoman de otras épocas, historias enterradas bajo la tierra o el olvido del tiempo. Hace 5 años la “Tacher” (amiga de férrea disciplina) me invitó a una aventura que me marcó como explorador y estratega. Fui parte de un equipo multidisciplinario paraconvertir una antigua hacienda henequenera en un hotel-spa boutique de clase mundial. Decimos que el mexicano es soñador, es cierto.

 

Como quise ser arqueólogo, el destino me da oportunidades como ésta. Ayudé a definir “la genética” de la nueva marca: entender la naturaleza del lugar, su historia, contexto, y facilitar que exprese sus elementos dominantes; también consiste en entender la esenciade los inversionistas, capturar su visión y sentir, paraamalgamarlo en una narrativa que contenga magia, no de mi potencial inventiva sino de los conceptos que uno va desenterrando y a los que les va dando significado

 

Originalmente los planes del desarrollo hablaban de “una hacienda con un cenote”, por la evidente razón de que muy cerca de la casa principal hay un cenote abierto, que hace muy especial y distintiva esta hacienda. Como parte del equipo integré a dos mayistas cuya sensibilidad aportó un gran contenido para mi tarea. Como suele suceder con los fósiles que capa tras capa van revelando su forma, me quedó claro que el planteamiento debería ser inverso: “un cenote, con una hacienda”. Para los antiguos mayas el cenote representa fuente de vida, fertilidad, entrada al inframundo, medio de comunicación con lo divino, entre otras cosas que, aunado a la belleza natural de ese espacio, convirtieron al cenote en el centro energético del proyecto y en ícono de su exquisita identidad gráfica.

 

Como es parte de la comunidad de Chocholá (“agua salobre” y zona de portales energéticos), una parte esencial fue pensar en la integración de ésta con el proyecto. Pedir anuencia al consejo de ancianos fue básico. Hoy en día el 60% de la nómina del hotel la constituyen habitantes de Chocholá. El nombre original de la hacienda, San Antonio Chablé, es la amalgama de dos personajes, San Antonio de Padua y el defensor de derechos indígenas Mariano Chablé, antepasado de varios colaboradores del hotel.

 

Actualmente, Chablé, como se le denominó al proyecto, es un espacio que conjuga el silencio de la ceibas con el canto de las ranas, el chamanismo ancestral con el lujoun diseño de interiores mágico y una operación espléndida. Esta comunión ya cobró víctimasHayextranjeros que han llorado en la cocina de doña Neida, no sólo porque ella los invita a ser parte del ritual de cocinar con leña, no sólo por el sabor de su recado negro o de su poc chuc, sino porque ven en ella a la madre o a la abuela y quizá sientan un vacío al pensar en lo que es su vida en la vorágine urbana en la que viven, comparado con este pequeño universo enChablé. Sumen a esto la vocación amiga de los pobladores de Yucatán y tenemos un cuadro que vale la pena difundir ante el mundo, México es más que malas noticias.

 

Hace unas horas se anunció en Paris el Prix MondialD’Architecture UNESCO Vesailles 2017 en la categoría hoteles. De entre los finalistas se escucharon varios voces, hermanadas en una, para el ganador: Chablé-Chocholá-Yucatán-México. Al saber la noticia me sentí muy contento por esos nombres pero también por todas las personas que participaron en este proyecto de más de 7 años, extraordinarios especialistas y obreros de la zona, que hicieron del sueño de un gran empresario,una realidad que pone a México en los reflectores mundiales.  

 

Chablé es un espacio que invita a la reconexión con uno mismo, con la naturaleza, con los antepasados de todos, sin excepción de nacionalidades: los mayas, para quienes el cenote significaba imán de ciudades. Nunca hubiera imaginado una historia donde dos sitios tan distintos y alejados en el mundo se pudieran unir. De París a Chocholá hay que festejar no sólo este triunfo de la arquitectura y diseño mexicanos, también de nuestra cultura ancestral que, por debajo de la tierra, con o sin muros y frente al mundo, acelera su historia.